Juanita tomó MATE

JANITA TOMO MATEJuanita Tomó mate…. ¡Sí!, Como sólo en Uruguay se  Toma y ahora también sabe acerca de su leyenda y  de su gusto.
Así comenzó nuestro encuentro con ese nuevo saber … porque saber es eso: Saborear.

Lo que sólo en ronda de mate se comparte,  conversando en ese clima tan especial que siempre da paso a la reflexión.  Mate a mate  los “YORUGUAS ELEGIDOS” vivenciaron la esencia de NORIA, aunque los vaticinios locales  Alentaban puro fracaso: ¡”En verano, con ese calor, en una playa, Tantos días de convivencia con desconocidos, Y todos de igual Profesión,  todos docentes con hambre de vacaciones”! Pero ocurre que a veces los humanos comulgan y de esa comunión surge eso Místico, inefable… Para quienes estuvimos allí,  la ocasión fue Más que un encuentro,  Más que un taller; sentimos que, al cuidarnos, al guiarnos en el  Diálogo hacia la optimización del pensamiento, al zambullirse  en nuestras distintas

expresiones de creatividad,Juanita estuvo con nosotros. Después, con su termo y su mate bien calentitos (ja-ja) se fue a otros mundos para seguir replicando su saber; nos dejó añoranza y  la promesa de volver . Desde entonces la esperamos,  mate y tambores prontos; desde ya,  Juanita, estamos templando los tambores  para que la música que  tu presencia gestó. llegue a todos los rincones…

Afectuosamente,

Roberta Caetano

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El hilo rojo: Noria en Uruguay

Mates, rondas y un hilo rojo que recorre, atraviesa y une.

¿es posible no pensar?… ¡acá hay un gramillero y una mama vieja!… ¿están juntos o separados?

En la bisagra que une enero y febrero nos encontramos 32 personas para profundizar e indagar juntos en el mundo de la filosofía para niños. Fueron dos días de pensamiento, risas y juegos con arte coordinados por Angélica Sátiro.

En su segunda visita a Montevideo para trabajar con la redfcn, Angélica propuso un acercamiento al Proyecto Noria centrado en dos de sus aspectos principales: las habilidades de pensamiento y el arte como recurso para desarrollar el pensamiento multidimensional.

La diversidad estuvo entre los participantes del curso. Estudiantes de magisterio y de filosofía, gente del norte, del centro y del sur del país… maestros y profesores de historia y filosofía jóvenes … docentes con experiencia en filosofía con niños y con adolescentes, profesores de profesores, investigadores, en fin, una mezcla linda para el intercambio y la construcción de saberes.

En los dos días de trabajo intensivo vivenciamos y reflexionamos sobre algunas maneras de desarrollar las habilidades de pensamiento de forma creativa, con el arte como recurso para pensar. Dialogamos acerca de qué es pensar… ¡y vimos que no era fácil dar una respuesta! En el intercambio nos fuimos preguntando y respondiendo, llegando a despejar un montón de preguntas para profundizar y notando que el pensamiento es algo bien amplio.

(clic en la foto… y chan!)

Reconociendo la complejidad y variedad del pensamiento, Angélica compartió la perspectiva del proyecto Noria acerca de las habilidades de pensamiento. En uno de sus textos, esta perspectiva se presenta así:

“Pensar es algo complejo y multifacético, que extrapola una lista de habilidades de pensamiento. Sin embargo, proponemos una clasificación de habilidades porque son partes “tangibles” del pensar que nos permiten realizar  intervenciones pedagógicas claras y objetivas. En ningún momento queremos reforzar una visión reduccionista del pensamiento. Presentamos una lista de habilidades de pensamiento, recordando que esa lista no es exhaustiva sólo incluye algunas de las habilidades que ayudan a desarrollar el pensamiento creativo de los niños de educación infantil y que están clasificadas en cinco grandes grupos”. (Extraído de “Volar con las alas de la imaginación infantil”, p. 17).

Una experiencia interesante, e intensa, fue la que vivimos al dialogar realizándonos mutuamente preguntas procedimentales relacionadas con las habilidades de pensamiento. Esta propuesta nos animó a practicar un cierto desdoblamiento, o abandono de sí, que se ve como necesario al coordinar desde la Noria y que nos dejó inquietos, reflexionando sobre nuestras prácticas.

El trabajo con el arte como recurso para pensar también fue muy fructífero y disfrutable. Imaginamos, adivinamos e interpretamos el significado de obras pictóricas, creamos escenografías para ellas, dibujamos nuestros estados de ánimo al dialogar y reflexionamos sobre las prácticas realizadas, reconociendo el potencial del arte para desarrollar el pensamiento.

(clic en la foto… y ¡chan chan chan!)

Y así se fue haciendo la hora de ir terminando, y entre bailes, tambor, evaluación y diplomas cerramos el curso. Algunos de los integrantes de la redfcn seguimos hacia El Pinar, para adentrarnos un poco más en estas prácticas y disfrutar del recorrido.

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GUÍA PASO A PASO PARA HACER UN MATE (según SANTO TOMÁS DE AQUINO)

Un vídeo muy divertido de uno de los grupos que participó en el curso/taller de David Sumiacher, la propuesta era construir la guia Paso a Paso para hacer un mate, según Santo Tomás de Aquino.

A disfrutarlo, click aquí :El mate

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Curso Taller David Sumiacher en Montevideo

Desde el 30 de Noviembre al 2 de Diciembre de 2011, la RED URUGUAYA PARA FILOSOFAR CON NIÑOS, realizó un Curso Taller a cargo del profesor David Sumiacher D´Angelo en Montevideo, en las instalaciones del Sindicato de Pluna.

Aprendimos, discutimos, jugamos, nos divertimos y por sobretodo conformamos un grupo humano de excelencia, ha sido un placer compartir estos 3 días de jornada intensa con unas personas tan especiales, tan críticas, con tantas ganas de aprender.

Algunas imágenes de la experiencia compartida:

 

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CONVOCATORIA Curso Taller Profesor David Sumiacher D´Angelo

Convocatoria

Curso Taller – “Filosofar con Niños”

La Red Uruguaya para Filosofar con Niños, convoca al Curso – Taller  a cargo del Prof. David Sumiacher D´Angelo,  co-director del Centro de Capacitación Docente en Filosofía con Niños y Adolescentes  de México.

Días y horarios de la actividad:

Miércoles 30 de Noviembre, Jueves 1º y Viernes 2 de Diciembre de 2011

Horario de 8:30hs a 12hs  y de 13:30 hs a 18:30hs

Carga horaria Total:  30 hs

Lugar: Sala de Sindicato de PLUNA (Maldonado 1287 esq Yaguarón)

 CUPOS LIMITADOS: 30 personas.

COSTO: $ 2000.

Contacto: Prof. Laura Curbelo. Correo Electrónico: aureamag@hotmail.com

(Interesados solicitar formulario de Inscripción)

 

  • Quienes quieran conocer sobre CECADFIN,  pueden acceder por medio de éste enlace:  http://www.cecadfin.com/
  • Breve  curriculum de David Sumiacher:

El Mtro. David Sumiacher D’Angelo es Licenciado en Filosofía por la Universidad de Rosario, Argentina (UNR), posee estudios de Maestría en Pedagogía en la Universidad Autónoma de México (UNAM) con su Tesis dirigida por el Dr. Walter Omar Kohan Se ha formado para el trabajo con instituciones en la Tecnicatura en Sistemas Institucionales también en la ciudad de Rosario, Argentina. Ha trabajado dando clases en la Licenciatura de Pedagogía en la UNAM, es asesor y colaborador de la Editorial Pearson y Co-director y docente de CECADFIN (Centro de Capacitación Docente en Filosofía con Niños y Adolescentes). Es docente, además, del Instituto Salesiano de Estudios Superiores de la Ciudad de México en la Maestría en Estrategias de Aprendizaje y en la Licenciatura en Filosofía.  En su trabajo con niños es también coordinador del Grupo  Esperanza, División de Adolescentes de la Soka Gakkai (Organización laica budista para el desarrollo de la paz y la cultura) y trabaja semanalmente con todos los niveles de primaria del Instituto David Ausubel en Toluca, México. Ha dictado clases, talleres, cursos y conferencias en diferentes lugares del Latinoamérica y Europa sobre temas relacionados con educación, filosofía y filosofía con niños y adolescentes y tiene diversas publicaciones sobre el tema en revistas electrónicas e impresas en México, Venezuela y Argentina.

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Casa del Maestro

Se informa que el día martes 13 de setiembre a las 18:30 hs EN CASA DEL MAESTRO (Maldonado 1170- Montevideo- Uruguay) se realizará un encuentro sindical con Guillermo Schelping, docente chileno perteneciente al Colegio de Profesores de Chile.

Vamos a poder informarnos y dialogar sobre la realidad de la Educación en Chile y cómo se van desarrollando los acontecimientos en cuanto a las movilizaciones del conjunto de Sindicatos y de los Estudiantes.

Se agradece difundir.

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La dimensión espiritual y la filosofía para niños en homenaje a Ann M. Sharp – Parte 1

Juan Carlos Lago (España. Universidad de Alcalá)

 

Este texto nace con una doble intención: Primero recordar a Ann Margaret Sharp y rendirla a través de él un homenaje personal y, al mismo tiempo, publico. Y, en segundo lugar, continuar mis conversaciones con ella en lo tocante a uno de los temas que últimamente, tal vez presintiendo que sus días entre nosotros estaban llegando a su fin, más le preocupaba e interesaba: La dimensión espiritual de la persona.

En concreto, lo que más le interesaba era discutir si dicha dimensión espiritual puede ser trabajada o desarrollada en el seno de una Comunidad de Indagación filosófica. Sobre todo, lo que le incomodaba de esta cuestión era el cómo es posible compatibilizar una dimensión espiritual y religiosa con uno de los presupuestos básicos en Filosofía para Niños, el falibilismo y la cuestión de estar abierto a todas las perspectivas y cosmovisiones.

Primeramente, y ante esta cuestión que se planteaba Ann M. Sharp, creo que es interesante señalar algunos hechos:

En principio se podría dar una respuesta afirmativa desde el momento en que podemos encontrarnos personas, aquí en España, como Félix García Moriyon o Emilio Martínez Navarro, que desde siempre han compatibilizado su profunda creencia en la dimensión espiritual e incluso religiosa (posteriormente veremos la posible distinción entre ambos planteamientos).

Pero no sólo a nivel personal sino que incluso, en un nivel más amplio e institucional, hay escuelas, colegio y universidades que, desde una declaración institucional de fe o de creencia en alguna religión, están trabajando Filosofía para Niños y aparentemente no hay contradicción.

Ahora bien, el hecho de que se de esa realidad no explica necesariamente cómo es posible y en qué sentido es posible. De ahí que la conversación que quisiera mantener con Ann M. Sharp[1], conversación a la cual invitaré a otros pensadores como el francés André Compte- Sponville o al español Laín Entralgo, girará en torno a la cuestión de si es posible realmente, y cómo es posible, trabajar la dimensión espiritual en Filosofía para Niños y, fundamentalmente, si es posible y necesario trabajar esta dimensión con los niños y niñas. Esta última cuestión es la que, a lo largo de sus últimos trabajos, Ann M. Sharp ha intentado aclarar.

Recordemos primeramente algunos de los puntos que nos plantea.

En primer lugar hay que señalar el contexto en el que, tanto muchos de los niños y niñas como los adultos que trabajamos en el marco de Filosofía para Niños, estamos viviendo. Ann M. Sharp considera  que muchos niños actualmente viven en una época secular, una época comprometida con la investigación abierta que rechaza cualquier marco o contexto que se presente como la única visión verdadera del mundo.

Además, estamos viviendo en una época secularizada en donde la espiritualidad y, sobre todo, la religión están perdiendo importancia y presencia, en la que se da un notable retroceso de los valores espirituales y, sobre todo, religiosos. Insisto en esta diferencia porque, como señalaba Ann M. Sharp, también es cierto que, al mismo tiempo que se da este fenómeno secularizador, hay un ascenso de una espiritualidad no reglada o fuera del marco normativo de una religión y unas creencias “recogidas” en un texto o textos sagrados, con jerarquías, ritos y ceremonias,  etc.  A este respecto diego Gracia nos presenta el panorama de España que puede servirnos, al menos, como referencia. Nos dice que “durante las décadas finales del siglo [XX], la influencia de las religiones institucionalizadas, a la cabeza de todas la católica, decrece vertiginosamente. (…) La mayor desconfianza de la generación del 91 no es hacia la religión sino hacia sus instituciones. (…). Las religiones institucionalizadas han entrado en una crisis profundísima, la mayor que probablemente han tenido en toda la historia de Europa. Se las ve como poderes sociopolíticos y, además, fuertemente reaccionarios. Ésta es una crítica constante por parte de las generaciones más jóvenes. Sus miembros es muy frecuente que identifiquen religiosidad con religión institucional, pero cuando se analiza sus actitudes y sus prácticas con más detalle, puede advertirse que más que una pérdida de religiosidad, lo que se ha producido es una pérdida de credibilidad en las religiones institucionales, a favor de otras actitudes religiosas desinstitucionalizadas. Así, ha aumentado el respeto y la piedad hacia los animales y la naturaleza en general y las jóvenes generaciones han incrementado espectacularmente su actividad en grupos ecologistas, organizaciones no gubernamentales, etc.”[2].

Hay que insistir, pues, en el retroceso de las religiones oficiales o institucionales, salvo, tal vez, en los casos de sus vertientes más dogmáticas y fundamentalistas (como el integrismo islámico o cristiano en USA). Pero esto puede explicarse, tal vez, por la necesidad que tiene el ser humano de dotarse o encontrar un marco seguro “externo” ante la falta de desarrollo, trabajo y elaboración de la dimensión espiritual de cada uno y del retroceso de esta dimensión en una sociedad secularizada, consumista y materialista, donde los valores materiales tienen prioridad por encima de los espirituales. Lo cual explica también el crecimiento de una espiritualidad no “estructurada” o “enmarcada” en las religiones “oficiales” o basadas en dogmas, reglas y jerarquías.

De ahí que la segunda cuestión que plantea Ann M. Sharp, y que es también fundamental para poder avanzar en la conversación,  sea la de distinguir entre los diversos tipos de espiritualidad y entre éstas y la religión, teniendo en cuenta, asimismo, la distinción entre la religiosidad institucional y la religiosidad como vivencia o experiencia espiritual.

Esta distinción es aun más importante a la hora de afrontar otro de los retos que se planteaba Ann M. Sharp: ¿Cómo combinar esta espiritualidad con una actitud fundamental de Filosofía para Niños, con el falibilismo[3]? El compromiso con el falibilismo implica la convicción de que puede haber otras versiones del mundo muy diferente de la suya propia y el poner en tela de juicio de la existencia de verdades absolutas, eternas. Por tanto, es razonable pensar que el compromiso con el falibilismo, la honestidad intelectual y la investigación abierta que caracterizan a la actividad de la comunidad de Indagación filosófica sería incompatible con la afirmación del desarrollo de una dimensión espiritual y religiosa.

Si se acepta la distinción entre una espiritualidad religiosa dogmática y una  espiritualidad, tanto religiosa como no religiosa, no dogmática, entonces no habría contradicción alguna.

Si hablamos de una dimensión espiritual que no implique el compromiso con dogma alguno acerca de cómo el mundo es y lo que significa, ni que exija una obediencia ciega o acritica a unos principios o mandamientos, entonces, dice Ann, nos encontramos ante una espiritualidad compatible con los presupuestos de Filosofía para Niños. Es más, insiste, si lo que queremos decir por espiritual implica la capacidad de sentir, pensar, razonar y, sobre todo, hacer todo ello con los otros en comunidad, para actuar significativamente y reflexivamente y participar en el diálogo filosófico, entonces no veía que este conflicto tendría por qué darse. Es decir, como señala Ann. M. Sharp, “parecería que el fomento de la conciencia en los niños tan pronto como adquieren la habilidad de intervenir en un contexto de diálogo, en la investigación que se está desarrollando y se da el crecimiento cognitivo, emocional y social comunal, todo esto constituiría la dimensión espiritual de la investigación filosófica en comunidad. E implicaría un compromiso de aprender a participar en el diálogo y la consulta con los demás. Es de esperar que investigación comunal entre todos los niños del mundo se concreten en la comprensión global, el respeto y el amor por el otro (de otras personas, otras especies, toda la naturaleza en su infinita diversidad, profundidad, fascinación  y misterio).”

Pero ¿tiene sentido hablar de una dimensión espiritual tal y como lo plantea Ann M. Sharp? Es decir, ¿tiene sentido hablar de una espiritualidad no religiosa,  una actitud espiritual de búsqueda de sentido en  la vida y en el qué será de nosotros en el futuro sin recurrir a justificaciones trascendentales o sin apelar a la existencia de seres o entes trascendentales (Dios o Ala) y sin apoyarse en normas, reglas y dogmas que nos den seguridad y confianza en nuestra propia existencia y el valor de nuestra vida?

Para poder responder a esta cuestión vamos a dar entrada a las palabras de André Compte-Sponville. “¿Se puede prescindir de la religión? Vemos que la respuesta, desde un punto de vista individual, es a la vez simple y matizada: hay individuos, de los que formo parte, que se las arreglan muy bien sin ella, en la vida ordinaria, o como pueden, cuando les afecta un duelo. Lo cual no significa que todos puedan o deban hacerlo. El ateísmo no es ni un deber ni una necesidad. Tampoco la religión. Lo que tenemos que hacer es aceptar nuestras diferencias. La tolerancia es la única respuesta satisfactoria para nuestra pregunta así entendida.”[4]. Es decir, parecería que la cuestión estriba en no limitar la comprensión de la dimensión espiritual únicamente al ámbito de la religión, sino considerarla desde un ámbito más extenso, desde la propia realidad humana y personal y desde la propia necesidad del ser humano, que en algunos adoptara la forma de espiritualidad religiosa y en otros de espiritualidad atea o agnóstica.

En este sentido habría que empezar distinguiendo entre religión, religiosidad y espiritualidad.

Para ello, el primer paso a dar sería diferenciar, dentro de la religiosidad,  la religión como dogma y la vivencia espiritual y religiosa: se da, por una parte, el dogma como iglesia jerárquica, normativizada y con un sentido sociopolítico y la religiosidad como una experiencia espiritual en un marco determinado, donde se establecen unos principios o normas (los 10 mandamientos, etc.). Todo esto hay que distinguirlo de una espiritualidad no religiosa o no vinculada a ninguna religión y creencia en Dios. A partir de todos estos elementos habría que ver qué posibilidades hay o se dan de poder combinar algunos de estos planteamientos de la espiritualidad con los propios planteamientos de  Filosofía para Niños.

A este respecto nos dice Ann M. Sharp que “hoy en día cuando se habla sobre la espiritualidad, generalmente se piensa en las religiones organizadas y en la existencia de Dios. Se piensa en las religiones de los pueblos indígenas y en las civilizaciones desaparecidas como la Azteca, la Grecia, la Egipcia o la Persa.  Sabemos que existen miles de religiones diferentes. Así los antropólogos estiman que el total de las religiones existentes superan con creces el millar. También estiman que ha habido miles de culturas humanas y que la religión está alojada en la diversidad de las historias culturales.  Algunas religiones han intentado superar los límites culturales y han pretendido la conversión los paganos, pero incluso en estos casos, las culturas invadidas resisten y ponen su sello inconfundible sobre lo que s les impone, sobre lo importado, como se puede ver fácilmente en el estudio de las religiones mayas de Chiapas, México.”  Es más, de lo que nos está hablando Ann M. Sharp no se trata solamente de un recuerdo histórico sino de la indudable presencia de las religiones en nuestras vidas y en el momento actual, presencia que ha superado intentos de anularlas, prohibirlas o marginarlas. De nuevo, partamos de unos hechos que para Ann. M. Sharp son una  realidad patente en la historia reciente. Así nos dice que “el fiasco del totalitarismo comunista en su intento de aniquilar el cristianismo o el judaísmo o, por otra parte,  la impotencia del maoísmo para borrar el budismo, el confucianismo y el taoísmo, nos recuerda que cualquier proyecto destinado a desterrar la comprensión espiritual de una cultura están intrínsecamente condenados al fracaso.”

En este sentido, como reconoce Andre Compte- Sponville, “nos vemos obligados a admitir que no conocemos ninguna gran civilización sin mitos, sin ritos, sin sacralidad, sin creencias en fuerzas invisibles o sobrenaturales y, en suma, sin religión, en el sentido amplio o etnológico del término”.[5]

En última instancia, nos dice Ann M. Sharp, estas miles de religiones siempre intentan responder a dos preguntas: cómo son las cosas y qué cosas realmente importan.  La respuesta a “cómo están las cosas” da lugar a la cosmología, a cuestionarnos sobre cómo el universo vino a ser como es y a sobre cómo los seres humanos han llegado a ser lo que son. Pero también se preocupan y se preguntan por que va a pasar de nosotros y del mundo ¿qué sucede después de que morimos? ¿Cuáles son las causas del mal, de la tragedia y de los desastres naturales? La cuestión de qué cosas son importantes se traduce y toma cuerpo en códigos o mandamientos morales o en un conjunto de normas éticas: así tenemos los diez mandamientos del Cristianismo, las cinco reglas pilares del Islam, los Vinaya Budistas y las cinco Relaciones del Confucionismo?   El papel de la religión es integrar la cosmología y la moralidad para presentar la historia cosmológica de una manera tan sugerente y atractiva que suscite nuestra lealtad y compromiso.  A medida que cada cultura evoluciona, una única cosmología y moralidad toma cuerpo en una religión que va evolucionando.  Para miles de millones de personas, la vuelta a los orígenes, a las historias, ceremonias y artes asociados con nuestras religiones originarias, es fundamental para la construcción de su identidad.

En esta misma línea, otra de las ideas que presenta Ann M. Sharp en defensa de esta dimensión espiritual de la persona nos remite a la propia idea del surgimiento evolutivo del ser humano. Así nos dice que “los antropólogos nos dicen que los seres humanos somos particularmente religiosos.  Han dado el nombre  de Homo religiosus  a nuestros antepasados que enterraron a sus muertos mostrando con ello que buscaban respuestas a preguntas existenciales y trascendentales. Tenemos que creer en algo, estructurar y orientar nuestras vidas de manera que ésta tenga sentido y ofrezca esperanza, para identificar los valores e ideales que nos permitan trascender lo inmediato. Afortunadamente, tenemos la capacidad para transmitir nuestra comprensión espiritual acumulada a nuestros hijos a través de nuestro lenguaje y nuestras artes, nuestro comportamiento y tradiciones, permitiéndoles persistir y evolucionar en su propio desarrollo como personas auténticas.” Así, se entiende la espiritualidad y la religiosidad como la búsqueda de sentido de nuestra vida acá y ahora, pero siempre preguntarnos por el mañana, que será de nosotros en el futuro, y no sólo en el futuro y concreto de nuestra vida “terrenal”, sino también  de la vida tras esta vida, si es que ésta existe.

De hecho, esta preocupación por la vida y por la muerte, este “culto” y cuidado por el ser humano, no sólo en este mundo, sino en el “más allá” ha sido considerado por los antropólogo y arqueólogos como una de las características fundamentales que diferencia al primer ser humano de sus antecesores homínidos.

Así por ejemplo, Juan Luis Arsuaga, catedrático de Paleontología y unos de los investigadores más reconocidos en el mundo académico, al explicar sus descubrimientos en Atapuerca (un yacimiento del Pleistoceno que se encuentra en Burgos, España) señala este elemento como el más significativo, sobre todo el haber encontrado una herramienta, un bifaz de cuarzo, que considera tenía una función ritual. En este sentido plantea que  la hipótesis más probable para explicar la presencia de un conjunto tan excepcional de restos fósiles de homínidos en la sima de los huesos es que los seres humanos de aquel tiempo depositaban a sus muertos en lugares determinados en la sierra de Atapuerca. Esto se confirma por el hallazgo de una herramienta Bifaz, de bellas tonalidades, sin utilizar y realizada con un material muy apreciado (cuarcita de importación, que no era de la zona, sino que se trajo de algún otro lugar) que han llamado Excalibur, y que se supone que está depositada como homenaje a algún miembro del grupo allí enterrado. Excalibur fue una especie de elemento votivo funerario, un objeto simbólico arrojado ala Sima para acompañar a los difuntos. Este hecho lo convertiría en la evidencia más antigua de comportamiento simbólico y en la prueba que confirma la naturaleza de enterramiento de la Sima como un acto voluntario y planificado, como el resultado de una ceremonia o rito.  De ser cierta esta hipótesis sería una posible prueba de un comportamiento que procedió al ritual de enterramiento de los muertos, practicado por los Neandertales, Homo Neandertalensis, y las poblaciones modernas, Homo Sapiens. Seria la evidencia de que los restos hallados pertenecen a seres humanos, puesto que, además de tener capacidad de abstracción y simbología, se plantean los problemas místicos inherentes al ser humano, preocupada por los problemas eternos de la vida y la muerte y con capacidad de sentimientos. Es decir, es una muestra de un cierto tipo creencia compartida por todo un grupo con respecto al sentido de la vida y el “más allá”, creencia que implica una cierta espiritualidad o, al menos, el inicio del desarrollo de esa dimensión espiritual.

De ahí que me parezcan muy acertadas las palabras de Carlos Hoevel cuando expresa que le “parece que el sólo hecho de vivir [en cuanto ser humano] necesita de una espiritualidad. Al menos según el modo en que yo entiendo este concepto: Espiritualidad es, según creo, la manera en que el espíritu encara la vida.”[6]

Todo ello nos lleva a pensar y plantearnos la relación que tenemos con el mundo y con la naturaleza que nos rodea, tema fundamental en toda religión y espiritualidad humana, ya sea inmanetista ya trascendentalista.

Aquí nos encontramos con otra de sus ideas básicas o argumentos fundamentales para afirmar un sentido espiritual en la persona. “Somos también –nos recuerda Ann M. Sharp- nos guste o no, la especie dominante y gobernadora de este planeta.   Si podemos encontrar una manera de expresar la gratitud por nuestra existencia, entonces deberíamos ser capaces de descubrir juntos cómo compartir la tierra unos con otros y con las otras criaturas, cómo restaurar y conservar su originalidad y su gracia y comprometernos con los ideales que consideramos que valen la pena.”

Planteamiento que nos lleva a señalar la última línea de trabajo de M. Lipman y de Ann M. Sharp, la que yo llamo dimensión cuidante del pensamiento. Dimensión que sin duda contiene en si mismo este sentido de la espiritualidad de la que Ann M. Sharp habla y que aquí estoy comentando. Por eso la propia Ann más adelante, en el mismo texto, comenta que “esto puede hacerse sólo si todos experimentamos una gratitud ceremoniosa por nuestra existencia, porque existimos compartiendo esta realidad de todos y con todos, un reconocimiento hacia el funcionamiento de la vida y mostrándonos de acuerdo con el  imperativo complejo y profundo de hacer todo lo posible para asegurarnos que la vida continúe y se desarrolle. En el pasado, el término o concepto de Dios han sido usados a menudo para explicar esta comprensión de nosotros mismos en relación con la naturaleza. En este sentido, Platón plantea su Teoría de las Ideas y de lo Bueno, o Santo Tomas de Aquino su la teoría de un Dios trascendente y sobrenatural, o Spinoza  su teoría de la inmanencia o la hipótesis de que la naturaleza es Dios y Dios es naturaleza”.

Vemos pues que, ya sea desde una concepción trascendental, que puede ser integrado en una comunidad de creyentes, que comparten una serie de creencias y dogmas, o a título personal concibiendo que existe un dios o ente que está más allá de esta realidad en que vivimos, o desde un enfoque inmanentista, que tiene que ver con un sentido de la naturaleza, del universo entendido como un ente vital, dinámico y animado, que evoluciona y del cual formamos parte y con el que tenemos un tipo especial de relación, no cabe duda que entender al ser humano y su relación con el otro y con la naturaleza supone planteare una dimensión espiritual que “anima” y da sentido a nuestro actuar, pensar y sentir .

La ponencia continúa en el siguiente enlace:  http://www.redfcn.com/?p=324

BIBLIOGRAFÍA


[1] Fundamentalmente me basaré en su trabajo  “Does the Community of Inquiry Empower the Spiritual Dimension of Children’s Experience?” que, aunque no está publicado, tuvo ocasión de presentarlo en diferentes eventos y encuentros.

 

[2] GRACIA, DIEGO “Voluntad de comprensión. La aventura intelectual de Pedro Lain Entralgo” Ed. Triacastela, Madrid, 2010, pp. 636-637

[3] “Uno de los presupuestos filosóficos y metodológicos que más repercusión tiene para el desarrollo de la comunidad de investigación es, sin duda, el del falibilismo. (…) Podría definir el falibilismo, a grosso modo, como el planteamiento  gnoseológico que considera que el conocimiento humano es, por su propia naturaleza, falible. Es decir,  es el reconocimiento de que una característica inherente al ser humano es  su falibilidad o capacidad de error y equivocación. (…). Para el falibilista la búsqueda de fundamentos inmutables y  eternos para el saber humano, característica de la actuación de los filósofos y científicos de  la modernidad, tiene que ser reemplazada por una aproximación experiencial, dialogada, de múltiples perspectivas  y multidisciplinar, que es la única manera, según el falibilismo, de afianzar algún conocimiento y avanzar en nuestros descubrimientos.”  LAGO BORNSTEIN, J.C. Redescribiendo la comunidad de investigación. Pensamiento complejo y exclusión social, Ediciones De La Torre, p. 83

 

[4] ANDRÉ COMTE-SPONVILLE El alma del ateísmo Introducción a una espiritualidad sin Dios  Paidós Barcelona 2006. pp. 28-29

[5] ANDRÉ COMTE-SPONVILLE El alma del ateísmo Introducción a una espiritualidad sin Dios  Paidós Barcelona 2006, p. 30

[6] HOEVEL, CARLOS G. “Para una espiritualidad ante la muerte” en Communio. Revista católica internacional, año 3, num. 3, septiembre 1996, Buenos Aires, p. 52.

 

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La dimensión espiritual y la filosofía para niños: en homenaje a Ann M. Sharp – Parte 2

Juan Carlos Lago

(España. Universidad de Alcalá)

PARTE 2

parte 1 aquí: http://www.redfcn.com/?p=322

RELIGION Y ESPIRITUALIDAD

Por ello, el siguiente paso que tenemos que dar será entrar en la cuestión de la espiritualidad, tanto en su dimensión religiosa como no religiosa sino humana. La espiritualidad religiosa apela a una trascendencia y a una explicación del sentido de la vida y la realidad desde la presencia o existencia de Dios y la espiritualidad humana que rechaza esa necesidad de una trascendencia, entendida como búsqueda de una realidad más allá de la realidad natural o del mundo, pero que afirma una trascendencia del ser humano dentro de una realidad superior que es la propia realidad del mundo o de la naturaleza, que serían las posiciones del naturalismo inmanente o la espiritualidad inmanente (El universo esta animado, tiene anima o alma, la ecología.). Ambas posiciones responden a una necesidad de dar respuesta a una serie de problemas, de dudas y de construir nuestro sentido de vida, y ambas deben distinguirse de la religiosidad dogmática o religión como sistema.

La religión como estructura o dogma, tal y como ya he indicado al inicio de estas reflexiones,  es una expresión que hace alusión más que nada a un sistema organizado de creencias, prácticas y formas de culto, compartidas por una comunidad, que se dirigen, generalmente, a mantener una relación o un vínculo entre el ser humano y Dios u otra realidad trascendente.

Notemos aquí la cuestión fundamental de que para que haya “religión” tiene que darse una comunidad, una común-unión alrededor de unas creencias básicas, entre las que, fundamentalmente está la existencia de un dios. De ahí el sentido católico, de “comunión” o hacerse uno en la comunidad compartiendo el cuerpo y el espíritu de Jesucristo, hijo de Dios. No se trata de formar una sociedad, no es cuestión de reunirse y juntos defender unos intereses, sino que se trata de crear una comunidad, de compartir unas creencias y esperanzas. Como defiende André Compte-Sponville, “la convergencia de intereses no basta. Por lo demás, una y otra son inconstantes (no siempre existe un testigo, y los intereses se oponen al menos tan frecuentemente como convergen). Se necesita otra cosa: una cohesión más profunda, más esencial, más duradera, en tanto que más íntima y más interiorizada. A esto es a lo que se llama la «comunión». ¿Cómo podría prescindir de ella una sociedad? Ello equivaldría a una renuncia a formar vínculo, a hacer comunidad, y por tanto a ella misma. Porque es la comunión la que forma la comunidad, mucho más que al revés: la comunión no existe porque exista una comunidad ya constituida, sino más bien por el hecho de que existe la comunión hay comunidad, y no un mero conglomerado de individuos yuxtapuestos o competidores.”[1]

Por ello toda religión, en un sentido u otro, tiene que ser trascendente, tiene que ir más allá de esta realidad dada y afirmar la creencia en otra realidad, otro ser superior que sirva de apoyo y sustento a la realidad en que vivimos. De ahí que más adelante continúe planteando que “no hay sociedad sin vínculo: no hay sociedad sin comunión. Lo cual no prueba que toda comunión, ni por tanto toda sociedad, tenga necesidad de la creencia en un Dios personal y creador, ni siquiera en fuerzas trascendentes o sobrenaturales. ¿Acaso en algo sagrado? Es un asunto de definición. Si se entiende por sagrado aquello que tiene relación con lo sobrenatural o lo divino, esto nos retrotraería al caso precedente, y nada impediría que una sociedad moderna pudiera prescindir de él ventajosamente” [2]

Pero esta no es la única posibilidad, no es la única opción posible, sino que, al igual que puede defenderse, como estoy planteando, una espiritualidad no religiosa, también se puede hablar de algo sagrado sin tener que remitirnos a la religión. Así aclara André Compte-Sponville que “si por sagrado se entiende lo que posee un valor absoluto, o lo que nos parece que lo tiene, lo que se impone de forma incondicional, lo que no puede ser transgredido sin sacrilegio o sin deshonra (en el sentido en que se habla del carácter sagrado de la persona humana, del deber sagrado de defender la patria o la justicia, etc.), es verosímil que no haya sociedad que pueda prescindir duraderamente de él. Lo sagrado, tomado en este sentido, es lo que puede justificar, en ocasiones, que uno se sacrifique por él. Ya no se trata de lo sagrado del sacrificador (que sacrifica a los otros), sino del héroe (que se sacrifica a sí mismo) o de la gente buena (que quizás estarían dispuestos a hacerlo)”[3]. Y esta diferencia entre lo sagrado religiosos y lo sagrado profano puede ser una clave de la distinción entre lo religioso y lo espiritual, dando sentido así a una espiritualidad no religiosa.

Desde esta perspectiva, la espiritualidad sería un concepto más amplio que el de la religiosidad y suele relacionarse con una actitud de búsqueda de una explicación, ya sea trascendente, ya sea inmanente, de nuestro estar en el mundo y nuestro devenir en él,  y tiene que ver con la esperanza, el propósito y el sentido de la vida o con los aspectos inmateriales de la existencia, como el tener relaciones armónicas o conexión con uno mismo, con otros, con la naturaleza o con una realidad superior. Es una espiritualidad que busca lo sagrado no en un ser ultramundano, necesario yo superior, sino en la propia humanidad, en su naturaleza contingente y frágil, pero al mismo tiempo, digna y valiosa para nosotros mismos. Lo sagrado lo hallamos en nuestra humanidad, en la capacidad de compartir y de protegernos los unos a los otros, en la forma en que valoramos y estimamos al otro, al prójimo, en la forma en que cuidamos y somos cuidados.

Para quienes no pertenecen a una religión, la espiritualidad se entiende como la experiencia y expresión del fenómeno más vivencial o personal que podemos encontrar: el sentimiento de ser humano o formar parte de la humanidad.  Es un sentimiento que, más allá de los tópicos de ser “seres racionales” o “animales con logos”, no sabemos cómo explicar o no podemos conocer y justificar desde parámetros “científicos”. Pero lejos de negarlos o de explicarlos apelando a las creencias y dogmas de una iglesia concreta, de una religión establecida, los asumimos y los vivimos desde el misterio, desde el vacio y la falta de respuesta.

Nos encontramos aquí, de nuevo, con otra de las ideas que Ann M. Sharp le gustaba manejar y argumentar a favor de una dimensión espiritual del ser humano: la noción del misterio.

Para Ann M. Sharp el misterio forma parte de nuestra radical forma de estar en el mundo, el misterio de por qué no hay nada en lo absoluto, el misterio de la procedencia de las leyes de la física, el misterio de por qué el universo es tan complejo e interdependiente. Como afirma André Compte-Sponville “es como si de pronto todo fuera nuevo, singular, extraño, asombroso, no irracional, desde luego, sino inexplicable o incomprensible, como si estuviera más allá de toda razón (la razón forma parte de ese todo, ¿cómo podría contenerlo?). A esto lo llamé el misterio.”[4]

Pero este misterio no es algo ajeno a la filosofía y al cuestionamiento, sino que forma parte indiscutible de su naturaleza, se encuentra en el corazón mismo de la actitud filosófica ante la vida. Esto es ya bien sabido y forma un tópico dentro de la literatura filosófica: la filosofía nace como un intento de dar respuesta a los interrogantes, las incógnitas y los misterios que se le presentan al ser humano. Como en otra parte ya defendí “la filosofía surge y nace ante la perplejidad, ante lo desconocido y desestabilizador, ante los problemas y dificultades que la persona va encontrándose. El filósofo era aquel, sobre todo, que tenía la capacidad de asombrarse ante lo que veía y, desde el asombro, de pregun­tarse  por el por qué de las cosas, del por qué eran así y no de otra manera y de si esa era la única explicación que se podría encontrar o dar de los fenómenos naturales y de la realidad en la que se encontraban entroncados”[5]. De ahí que desde los orígenes del proyecto filosófico, educativo y vital  de Filosofía para Niños el misterio haya sido uno de los temas estelares, sobre todo en la novela de Pixie. No es el momento para retomar la presencia absoluta de la noción de misterio en esta novela, baste con recordar que el elemento narrativo central e hilo conductor de toda la novela es la llamada “criatura misteriosa”.

Volviendo a la cuestión de la Filosofía y el misterio, debemos darnos cuenta que la naturaleza como misterio y los seres humanos como parte de la naturaleza genera asombro, y ese asombro genera pavor. Tal pavor puede aterrorizarnos o liberarnos.  Este mundo humano de las emociones, con toda su riqueza, textura, ambigüedad, motivación, sorpresa y misterio, -nos dice Ann M. Sharp- es un terreno maravilloso para la investigación filosófica en cooperación porque los conceptos con los que se construye este territorio son comunes, centrales a nuestra experiencia y controvertidos o discutibles”. Al discutir sobre este ámbito misteriosos y desconocido y al intentar encontrar respuestas con sentido, es decir, al aprender a permitirnos experimentar el misterio cósmico, podemos unirnos a los místicos en una comunidad de investigación filosófica real o virtual y compartir su experiencia de lo que llamaron lo divino, o, por otra parte, lo que podríamos llamar la dimensión espiritual de la naturaleza o de la existencia e ir encontrando nuestro lugar en el cosmos.

Pero para ello no hay que establecer como condición previa la creencia en la existencia de un ser superior o la pertenencia en iglesia o religión establecida, no es condición para vivir el misterio y asumir lo sagrado el adscribirse a dogma alguno. Basta con estar abierto a lo desconocido y estar dispuesto a compartir la experiencia y la vivencia con los demás, con aquellos que también se preguntan y se cuestionan por el misterio de ser y vivir. Tal y como defiende André Compte-Sponville es preferible “aceptar el misterio como lo que es: la parte ignota o incognoscible que envuelve cualquier conocimiento y cualquier existencia, la parte inexplicable que implica o con la que se topa cualquier explicación. Es cierto desde un punto de vista ontológico: es lo que llamaba anteriormente «el misterio del ser». ¿Por qué hay algo y no más bien nada? No lo sabemos. Y nunca lo sabremos. Pero es también cierto desde un punto de vista físico o científico. ¿Por qué las leyes de la naturaleza son las que son? Tampoco lo sabemos. Y es verosímil que nunca lo sepamos (porque sólo las podríamos explicar mediante otras leyes). Llamar a este misterio «Dios» es una fácil manera de tranquilizarse sin hacerlo desaparecer. ¿Por qué hay Dios y no más bien nada? ¿Por qué estas leyes y no más bien otras? El silencio ante el silencio del universo me parece más justo, más fiel a la evidencia y al misterio, quizá también —volveré sobre ello en el próximo capítulo— más auténticamente espiritual. ¿Rezar? ¿Interpretar? No es más que ponerle palabras al silencio. Es preferible la contemplación. O la atención. O la acción. Me interesa más el mundo que la Biblia o el Corán. Es más misterioso que ellos, más vasto (ya que los contiene), más insondable, más asombroso, más estimulante (ya que se puede transformar, mientras que a los otros se los considera intocables y, en fin, más verdadero (ya que lo es en su integridad, cosa que la Biblia o el Corán, plagados de necedades y contradicciones, sólo podrían serlo en tanto que forman parte del mundo: que un texto humano se contradiga no es contradictorio). Misterio del ser: evidencia del ser.”[6].

Por ello, frente a los que se sitúan en el dogma y la verdad relevada, ante aquellos que niegan la posibilidad del debate y el cuestionamiento afirmándose en una supuesta superioridad de sus fuentes de verdad y saber, escudándose en unos textos sagrados indiscutibles e incuestionables, Filosofía para Niños apuestas por la necesaria y enriquecedora tarea de compartir experiencias y discutir respuestas, sentidos y opciones de vida, en cuestionarse el sentido de la vida y del universo. Porque, como el propio André Compte.-Sponville reconoce “nada hay nada más misterioso que la existencia del mundo, de la naturaleza, del ser, y, sin embargo, nos encontramos todos en su interior (sí, ¡en el corazón del ser, en el centro del misterio!). Pero a esto es a lo que se llama la «inmanencia», mientras que se supone que Dios es trascendente. El universo constituye un misterio suficiente. ¿Qué necesidad habría de inventar otro? El misterio no pertenece a nadie. Forma parte de la condición humana.”[7] Y como tal, es una de las características que marcan la propia dimensión espiritual del ser humano.

 

 

NOCION DE ESPIRITUALIDAD

Tras este recorrido dialógico por las ideas de Ann M. Sharp llega el momento de avanzar retomando alguna de las ideas expresadas e intentando delimitar someramente qué noción de espiritualidad creo que defendía y por qué, desde ésta, no existe ninguna contradicción o incoherencia entre plantear la práctica de Filosofía para Niños y la Comunidad de Indagación y defender el desarrollo de la espiritualidad en el seno de la misma.

Recordemos que justamente es esta dimensión espiritual una de las características que nos definen como ser humano y nos diferencian del resto de los seres de la naturaleza conocidos. Así “al examinar lo que distingue al hombre del resto de la realidad, y en particular de los animales superiores, Scheler manifiesta que no es la memoria asociativa ni la inteligencia práctica , ni menos aun el psiquismo (que es común a todo ser viviente): es el espíritu. Éste se distingue de la psique y de la vida; es un principio (…) que no puede reducirse a la razón, porque ésta es uno de sus momentos o formas. El espíritu es el conjunto de los actos superiores centrados en la unidad dinámica de la persona. Estos actos no son sólo de naturaleza pensante  sino también emotiva.”[8] Asimismo para Viktor Frankl, por ejemplo, lo espiritual sería todo lo que hay de humano en el hombre y la dimensión esencial en la que acontece su existencia. En concreto, la dimensión espiritual, o el espíritu humano, es concebido como lo que diferencia, esencialmente, al hombre del mundo animal y como lo que nos dota de la capacidad para comportarnos de forma libre y responsable, frente a las influencias externas e internas. Y podríamos seguir buscando en la literatura filosófica y encontraríamos mil y un ejemplos más que defenderían que es justamente la noción de espíritu, no necesariamente trascendente o religiosa, como la característica definitoria o diferenciadora del ser humano. Apelando de nuevo a la autoridad de André Compte-Sponville podemos preguntarnos “¿Qué es la espiritualidad? Es la vida del espíritu. Pero ¿qué es un espíritu? «Una cosa pensante —respondía Descartes—; es decir, una cosa que duda, que concibe, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que también imagina y que siente.» Yo añadiría: que ama, que no ama, que contempla, que recuerda, que se burla o bromea… (…) El espíritu no es una sustancia, sino una función, una potencia, un acto (el acto de pensar, de querer, de imaginar, de bromear…), y al menos este acto es indudable, porque cualquier refutación lo supone. (…) Si la tomamos en una acepción tan amplia, la espiritualidad englobaría la totalidad, o casi, de una vida humana: «espiritual» sería más o menos sinónimo de «mental» o de «psíquico». Esta acepción, en el registro que nos ocupa, ha dejado casi de usarse. Cuando se habla de espiritualidad actualmente, la mayoría de las veces se hace para designar un aspecto en resumidas cuentas restringido —aunque quizás abierto a lo ilimitado— de nuestra vida interior: la que tiene relación con lo absoluto, el infinito o la eternidad. (…) Somos seres finitos abiertos al infinito, (…). Puedo añadir: seres efímeros abiertos a la eternidad; seres relativos abiertos al absoluto. Esta apertura es el espíritu mismo. La metafísica consiste en pensarla; la espiritualidad, en experimentarla, ejercerla, vivirla. Esto es lo que distingue la espiritualidad de la religión, que no es más que una de sus formas. Si las confundimos, es por metonimia o abuso de lenguaje. Es como el todo y la parte, el género y la especie. Cualquier religión forma parte, al menos en cierto aspecto, de la espiritualidad; pero no toda espiritualidad es necesariamente religiosa. Por mucho que creáis o no en Dios, en lo sobrenatural o en lo sagrado, no dejaréis de veros menos confrontados con el infinito, la eternidad o el absoluto, y es cosa vuestra. La naturaleza basta.”[9].

Y para explicar este último punto esencial, el rechazo de una concepción necesariamente religiosa de la espiritualidad afirma que “si todo es inmanente, el espíritu también lo es. Si todo es natural, la espiritualidad también lo es. Esto, lejos de constituir un impedimento para la vida espiritual, es lo que la hace posible. Estamos en el mundo y pertenecemos al mundo: el espíritu forma parte de la naturaleza.”[10]

De estas palabras quisiera destacar la última idea pues es fundamental para entender la visión de la espiritualidad más acorde con los planteamientos de Filosofía para Niños.  Me refiero a la superación del dualismo entre espíritu y materia o naturaleza. Punto central de la filosofía de John Dewey, uno de los filósofos básicos para entender la propuesta de M. Lipman y Ann M. Sharp. Qué duda cabe que el antidualismo deweyano impregna todo el planteamiento de Filosofía para Niños y apuesta por una noción de ser humano o de persona enmarcada en la naturaleza afirmado un proceso evolutivo en el que se da un continuo entre lo natural y lo social.

Desde esta concepción, al superar la dualidad mundo material y mundo espiritual, entre el ser humano (como ser espiritual) y la naturaleza (como ser material), ya no es necesario apelar a la trascendencia para poder hablar de la espiritualidad del ser humano. A menudo hablamos de los espiritual como algo transcendental, aparte o fuera del mundo, referente al más allá o a lo divino. Pero, en realidad, la espiritualidad tiene que ver más con una actitud y modo de estar en el mundo, de relacionarnos con los demás y la naturaleza que manifiesta una gran compasión, entendida no como caridad o condescendencia, sino como “padecer con” o sentir con el otro, compartir la pasión del otro y mostrar dedicación y cuidado hacia el otro y la naturaleza. Ser una persona espiritual es mostrar estima, preocupación y cuidado hacia uno mismo y hacia los demás, con respecto al medioambiente y a lo que nos rodea. Es una persona que continúa enfrentando los retos humanos (contrariedades, sufrimiento, dolor, tristeza, etc.) y lo hacen de una manera especial: con madurez espiritual, que no es lo mismo que la madurez humana. En la madurez humana (el crecimiento personal), yo tengo aspiraciones de ser una buena persona, de superarme. En el crecimiento espiritual, podemos llegar a percibir aspectos profundos y misteriosos del espíritu y de la persona. Son realidades que no se pueden entender completamente sólo a través de la razón, sino que implican a todo el ser, los sentimientos y emociones, a la capacidad de vivir y experimentar con todas nuestras dimensiones humanas. Defender una espiritualidad humana, una espiritualidad que no apela a entes trascendentales que garantizan nuestra realidad, que nos dan seguridad y que se convierten en el fundamento de un orden necesario, significa defender una manera de entender al ser humano como un ser que en si mismo es valioso y digno, como un ser que no necesita apelar a algo más allá de él mismo para darle sentido a la vida y a la realidad en que se inserta. Como bien dice André Compte-Sponville “¡No por haber perdido la fe vais de pronto a traicionar a vuestros amigos, robar o violar, asesinar o torturar! «Si Dios no existe -dice un personaje de Dostoievski- todo está permitido.» ¡De ninguna manera, porque yo no me lo permito todo! Como demuestra Kant, o la moral es autónoma, o no es moral.”[11]

Pero demos un paso más. Si desde una espiritualidad no religiosa o no trascendente somos capaces de vivir nuestra dignidad humana como parte de un todo o universo o cosmos, la pregunta que se nos presenta ahora es ¿cómo es esto posible? ¿Cómo podemos dar un sentido coherente y realmente efectivo sin tener que apelar a entes o realidades extraterrenales.

De nuevo nos topamos aquí con los planteamientos de Ann M. Sharp y su defensa de una dimensión espiritual que puede y debe ser trabajada desde la comunidad de indagación filosófica.

Parte Ann M. Sharp de la idea de la construcción de relatos como el mecanismo en que el ser humano ha ido elaborando y dotando de sentido a su estar en el mundo. Un primer relato o unos primeros relatos son los que nos han ido legando las religiones. Como defiende André Compte-Sponville “una religión, si nos fiamos de lo que sugiere esta etimología, concierne menos a la comunión (que religa) que a lo que llamo la fidelidad (que recoge y relee) o, más bien, sólo concierne a aquélla en la medida en que concierne a ésta. A base de recoger repetir-releer las mismas palabras, mitos o textos (según se trate de culturas orales o escritas), se acaba por comulgar en las mismas creencias o los mismos ideales. El relegere produce el religare, o 1o hace posible: releemos, luego vinculamos.”[12] Releemos y nos vinculamos a unos relatos, a unos textos que nos dan una explicación o un sentido de la realidad y del cosmos, que nos ayudan a responder a la pregunta fundamental de cuál es mi lugar en el mundo, en el cosmos, y qué sentido tiene mi vida. Pero en Occidente y la sociedad secularizada, los relatos religiosos han sido, en parte, sustituidos con un gran relato: el relato de la Ciencia. Pero éste, nos dice Ann M. Sharp, no es más que uno de los relatos posibles, hay otros relatos que los niños pueden imaginar y crear, otros relatos como puede ser el relato de los pueblos indígenas o de otros pueblos todavía no demasiado occidentalizados.

Ann M. Sharp en este sentido, se pregunta si ¿Podría ser que cualquier comprensión global de la realidad y el mundo debe comenzar con la comprensión de la necesidad de lograr una visión compartida del mundo, es decir, de un acuerdo aceptado independiente de la cultura y de cómo son las cosas, al menos en un sentido?   Una posibilidad es la comprensión dada por la ciencia moderna – una narración que da cuanta de la naturaleza que se llama “la epopeya de la evolución”, incluyendo la teoría del big bang, la formación de las estrellas y los planetas, el origen y la evolución de la vida en este planeta, el advenimiento de la conciencia humana (conciencia) como resultante de la evolución de las culturas – se trata de una historia, la historia científica, que tal vez tiene el potencial para unirnos.” Esto es cierto y la prueba evidente es que desde Occidente se ha ido “exportando” su relato y ha ido conquistando otras culturas, ha ido impregnando otros relatos y formas de entender la vida y ha ido relegando otras narraciones, basadas más bien en la defensa de una cierta espiritualidad religiosa o creencia en dioses y espíritus. Sin embargo, invitando de nuevo a André Compte-sponville, podemos afirmar que “no se trata de confiar en que el conocimiento científico, por muy espectaculares que hayan sido sus triunfos, sobre todo de los últimos tres siglos, nos aporte no sé qué pruebas contra la existencia de Dios. Si cualquier progreso científico parece hacer retroceder tanto a la religión, al menos puntualmente (no tener ya necesidad de explicar por medio de Dios lo que se explica sólo por las leyes de la naturaleza), esto sucede sin que pueda refutarla globalmente ni, mucho menos, ocupar su lugar (porque ¿qué es lo que explica las leyes de la naturaleza?). A nadie se le ocurriría, actualmente no más que en el pasado, explicar las mareas o los eclipses por la voluntad divina. Pero tampoco nadie, actualmente no más que en el pasado, está capacitado para explicar la naturaleza misma. Motivo por el cual el cientificismo, que no sería otra cosa que una religión de la ciencia, es tan dudoso como todas las demás. Y resulta además menos poético y más estúpido. Deja de lado la pregunta que pretende responder”[13].

De nuevo, esa inexplicabilidad o esa imposibilidad de ir más allá para encontrar respuestas en este mundo impulsan de nuevo al espíritu a preguntarse por el más allá de esta realidad, le abre de nuevo a una dimensión no inmanente. “La persona humana se halla de modo formal e ineludible abierta a lo trascendente. Hay, dice Laín, un ‘movimiento hacia lo trascendente en el ser humano, que puede concretarse en varios tipos de respuestas: la evasión, la desesperación, el nihilismo, la metáfora, el agnosticismo y la creencia.”[14]

Ann M. Sharp en este sentido se pregunta de nuevo, “¿Podría ser que la historia de la naturaleza, la épica de la evolución es una deformación  motivado por la necesidad de manifestar nuestro agradecimiento, reverencia y  compromiso con este estar en el mundo con algún sentido? Pero, ¿no podría ser también, que, además de esta respuesta, podamos dar otras distintas? ¿No podría ser que seamos libres – todos nosotros – para crear diferentes versiones de historias, mitos, artes, tradiciones, que nos ayudan a dar sentido a nuestra experiencia? Siendo, además, cada una de ellas ser coherentes y completas en su integridad, ejemplaridad y belleza. Nelson Goodman llama a esto el arte de hacer del mundo.   Estas diferentes versiones pueden expresarse en el discurso, en las canciones, en la pintura, la danza, etc. y manifiestan nuestras últimas esperanzas, preocupaciones, manera de entender la personalidad y de dar significado a nuestra relación con la naturaleza.”

Por ello continua en su planteamiento afirmando que “los seres humanos necesitan historias: grandes y convincentes historias que nos pueden ayudar a orientar nuestras vidas dentro de y en la naturaleza.  La épica de la evolución es una de dichas historias, adaptada a las necesidades de nuestra comprensión planetaria, hablándonos de nuestra naturaleza, de nuestro lugar y nuestro contexto. Más aun, la respuesta a esta historia, la que los filósofos de hoy llaman “naturalismo espiritual”, puede dar lugar a profundas y duraderas experiencias espirituales que pueden contribuir al hallazgo de nuestro propio sentido en nuestras vidas.  Pero necesitamos también otras historias, historias centradas en los seres humanos, nuevos mitos que encarnan nuestros ideales y pasiones.  Estas historias podrían ser imaginativamente construidas por la próxima generación mientras que luchan en las aulas para dominar y perfeccionarse en la investigación en comunidad de dialogo, para comprender su lugar en la naturaleza y para dar sentido a su mundo”.

Esta seria, por tanto, la última idea que Ann M. Sharp nos ofrecía: promover la creación de relatos de la experiencia o la recuperación de relatos ya existentes y, a menudo, en riesgo de caer en el olvido. Relatos que muestren maneras distintas de expresar nuestra relación con nosotros mismos y nuestro entorno, relatos que evidencien diferentes manera de entender y de vivir la espiritualidad.

La ponencia continúa con su tercera y última parte en el siguiente enlace:

[1] ANDRÉ COMTE-SPONVILLE El alma del ateísmo Introducción a una espiritualidad sin Dios  Paidós Barcelona 2006, P. 32

[2] ANDRÉ COMTE-SPONVILLE El alma del ateísmo Introducción a una espiritualidad sin Dios  Paidós Barcelona 2006, p.34

[3] ANDRÉ COMTE-SPONVILLE El alma del ateísmo Introducción a una espiritualidad sin Dios  Paidós Barcelona 2006, p. 35

[4] ANDRÉ COMTE-SPONVILLE El alma del ateísmo Introducción a una espiritualidad sin Dios  Paidós Barcelona 2006, P. 170

[5] LAGO BORNSTEIN, J.C. Redescribiendo la comunidad de investigación. Pensamiento complejo y exclusión social, Ediciones De La Torre, p. 37

[6] ANDRÉ COMTE-SPONVILLE El alma del ateísmo Introducción a una espiritualidad sin Dios  Paidós Barcelona 2006, Pp. 114-115

[7] ANDRÉ COMTE-SPONVILLE El alma del ateísmo Introducción a una espiritualidad sin Dios  Paidós Barcelona 2006, P. 115

[8] FERRATER MORA, J. Diccionario de Filosofía, Alianza Editorial, Barcelona, 1986, Entrada “Espíritu”, p.1019.

[9] ANDRÉ COMTE-SPONVILLE El alma del ateísmo Introducción a una espiritualidad sin Dios  Paidós Barcelona 2006, Pp. 144-145.

[10] ANDRÉ COMTE-SPONVILLE El alma del ateísmo Introducción a una espiritualidad sin Dios  Paidós Barcelona 2006, Pp. 149.

[11] ANDRÉ COMTE-SPONVILLE El alma del ateísmo Introducción a una espiritualidad sin Dios  Paidós Barcelona 2006,  p. 56.

[12] ANDRÉ COMTE-SPONVILLE El alma del ateísmo Introducción a una espiritualidad sin Dios  Paidós Barcelona 2006, p. 37.

[13] ANDRÉ COMTE-SPONVILLE El alma del ateísmo Introducción a una espiritualidad sin Dios  Paidós Barcelona 2006, pp. 112-113

[14] GRACIA, DIEGO “Voluntad de comprensión. La aventura intelectual de Pedro Lain Entralgo” Ed. Triacastela, Madrid, 2010, p. 678.

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La dimensión espiritual y la filosofía para niños: en homenaje a Ann M. Sharp – Parte 3

Juan Carlos Lago

(España. Universidad de Alcalá)

PARTE 3

parte 1 aquí: http://www.redfcn.com/?p=322

 

 

parte 2 aquí: http://www.redfcn.com/?p=324

LOS RELATOS DE LA EXPERIENCIA ESPIRITUAL

¿Qué tipos de relatos serían? No sé muy bien si hay una respuesta única, tal vez lo rico y fructífero de su propuesta es el no limitar los relatos a un único tipo de relato (ni los de las religiones ni los de la ciencia), sino abrirlo a todo tipo de relato que podamos crear o recuperar y que realmente nos sirvan para ubicarnos con sentido y autenticidad en nuestro mundo y vivir la vida con mayor dignidad y plenitud.

A este respecto me gustaría presentar dos relatos que empecé a recoger y compartir con Ann, dos relatos recuperados desde mi experiencia en Perú, que desgraciadamente no pude terminar antes de que ella se fuese para siempre. Podemos pensar que son dos narraciones alternativas a los relatos de la ciencia, relatos que unas personas y unas comunidades han ido elaborando a través de los años para dar sentido y orden a su existencia, a su vida. ¿Son relatos verdaderos? No lo sé, pero si sé que para sus autores si los son, y, utilizando una terminología filosófica, son pragmatistamente verdaderos. Es decir, son relatos que expresan unas creencias y al creer, dan vida, crean una realidad tan real como la que la ciencia nos presenta y construye. Estoy convencido de que cuando una comunidad o sociedad “cree” en una forma de vida y vive según esa creencia, la da forma, la crea y al crearla la hace real, vive como si fuera real (no podemos saber si lo es o no, está más allá de nuestra capacidad de conocer), pero al vivirla auténticamente la convierten en real.

Y desde esta convicción he ido escuchando y reescribiendo las experiencias espirituales de algunas comunidades, construyendo unos relatos que pueden formar parte de la multiplicidad de narraciones posibles para leer y escuchar en una comunidad de Indagación Filosófica, para formar parte del dialogo y el descubrimiento mutuo. Pasemos, pues, a los relatos.

 

LA ESPIRITUALIDAD ANDINA: DE LA INMANENCIA A LA TRASCENDENCIA.

Mi primer relato nace de mi contacto con una comunidad de los Andes, en el Perú indígena de Ayacucho o Huamanga. La comunidad se llama Pampachacra y allí entramos en contacto con una asociación de jóvenes de la comunidad que quiere recuperar su identidad andina, quiere volver a vivir según las prácticas sociales y creencias de la cosmovisión andina. Algunas las siguen practicando los ancianos y otras se han perdido, pero ellos quieren revitalizarlas y poder adecuarlas a la necesaria convivencia con el siglo XXI y los modos de vida occidental que les invaden. No se trata, por tanto, ni una vuelta atrás ni tampoco de vaciarlas de sentido y convertirlas en ritos “culturales”, sino que intentan poder vivir de una forma que, para ellos, sea más auténtica y para ello recuperar algunas creencias que siguen vivas, aunque muy latentes, y poder hacerlas más presentes y conscientes en su propia cotidianidad.  Para poder entender la experiencia que disfrute hace ya tiempo, la celebración de un Pagapu u ofrenda ala Pachamamacomo ceremonia previa al herraje de sus animales, antes creo que es importante comprender lo básico de su cosmovisión.

En el mundo andino creen que es vital mantener o recuperar el equilibrio que existe entre lo social, lo natural y lo cósmico. Para ello defienden  que hay una conexión natural entre los diversos aspectos de la realidad, que los elementos del mundo están interrelacionadas entre sí de un modo preciso y particular y que cada elemento de la realidad existe con todos los demás. Por ello, cuando se habla de la espiritualidad y religiosidad andina hay que entender que sus dioses o apus (que se hacen presentes en los cerros) y la propia Pachamama (o madre tierra) y el Inti (padre sol) no son seres o entes, sino que son relaciones que se establecen con la naturaleza y el cosmos. Todo está relacionado, todo se corresponde a algo y se complementa, todo se da o debería darse en armonía y equilibrio. El problema es que el ser humano ha roto este equilibrio al no respetar estos principios. ¿Cuáles son los principios que rigen su cosmovisión?

Este equilibrio social, natural y cósmico se expresará en tres principios (el principio de relacionalidad, de correspondencia, de complementariedad) que se concretan en uno fundamental (el principio de reciprocidad). Veámoslos más detenidamente

 

1)      el principio de relacionalidad: Cada cosa existe o es lo que es únicamente en la medida en que está dentro de una determinada relación con el todo; fuera de ella, carece de sentido preguntarse qué es. Este es, por ejemplo, el sentido de la comunidad (o ayllu en Quechua); fuera de ésta, la persona (o runa en quechua) deja de ser lo que es.

2)      el principio de correspondencia: En esa estructura de relaciones del mundo andino unas realidades implican siempre otras realidades. Se explica así las interrelaciones entre el cosmos y los seres humanos, entre los seres humanos y la naturaleza, entre la vida y la muerte, que finalmente forman un continuo que, cuando se rompe o altera, destruye la armonía del universo.

3)      el principio de complementariedad: Este principio muestra cómo estos elementos se juntan para formar un todo, cómo cada uno de ellos solo es una parte del mundo y que no podría existir sin el otro, que todo ser tiene su complementario y así la visión global del cosmos, de la naturaleza y de lo social como un todo es posible desde la existencia de los complementarios.

El principio de reciprocidad: Este principio extrae las consecuencias de los demás principios, tanto para entender el cosmos o el universo como la realidad diaria de las formas de vida andina. Si el mundo es relacional, correspondiente y complementario, a una acción en cualquiera de las esferas debe corresponderse con un movimiento en cualquiera de las otras esferas; un don de una comunidad o de un grupo humano debe seguirse de un don de otra comunidad o grupo humano. Así cada acción que se realiza, ya sea en la naturaleza o en sociedad, implica una acción reciprocada, una devolución o respuesta.

Por ello, cada acción importante que va a realizar el ser humano, cada empresa o actividad que va a iniciar, tiene que ir precedida de una ceremonia o pagapu en la cual se ofrece unos bienes a la naturaleza o a la comunidad y así pedirle permiso o solicitarle su “bendición”. Hay que pedirle permiso y agradecerla, pero no en una especie de intercambio (no piensan  que van a ser castigados si no lo hicieran) sino para mantener el equilibrio, por respeto a ese principio de reciprocidad.

La ceremonia propiamente dicha: Lo primero que se hizo fue montar una “mesa”, es decir una tela de aguayo (tejido de colores típico,  de los andes) donde se depositaban las ofrendas parala Pachamamay para compartir con todos los presentes. Se llevó vino, hojas de coca, cigarrillos, fruta, chicha (bebida tradicional), licor de caña y heno para los animales. Una vez montada la “mesa” se pasó a recitar las oraciones o petición de permiso y agradecimiento,  y a compartir entre todos los presentes los dones ofrendados. Tras un buen rato de compartir los dones y de charla entre los asistentes, se pasó al herraje, que es una aventura y una fiesta. De hecho, mientras que unos colocaban las cintas, otros bailaban y se embadurnaban con harina y otros mejunjes. Tras las ovejas se pasó a los asnos y luego a los toros y finalmente, cuando se herraron a todos los animales, se continúa bailando y bebiendo para festejar ala Pachamamay agradecerla el haber podido terminar con buen tino toda la tarea.

Este ejemplo muestran como, en esta pequeña comunidad, se quiere vivir una espiritualidad especial, una espiritualidad a la vez inmanente y trascendente, pero donde la relación con el todo y la pertenencia al todo (Cosmos o Universo) es lo que da sentido a su vida y condiciona el quehacer cotidiano en todos sus aspectos. Se podría decir, tal y como me comentó una compañera del Centro de Filosofía para Niños de España, que para afirmar y defender esos principios “éticos” de la relacionalidad, la complementariedad, la correspondencia y la reciprocidad no es necesario apelar a instancias “divinas” como son la Pachamama o el Inti. Es posible, pero también es posible que sea más difícil de entender esos principios si no consideramos que la naturaleza no es algo ajeno a nosotros mismos, sino que somos uno con ella, que ésta esta “animada”, es decir que tiene “anima”, alma o espíritu, lo cual, en cierto sentido, es defender un tipo especial de espiritualidad.  Dejo al lector la tarea de decidir si el relato gana o pierde al incorporar esa dimensión espiritual.

 

 

LA ESPIRITUALIDAD COTIDIANA: LA MISTICA DEL TEJER

El relato que a continuación presento comparte con el anterior esa misma cosmovisión andina que le caracteriza, pero le añade un matiz muy importante. Comporta lo que podríamos llamar una espiritualidad más cotidiana. Veamos en qué sentido.

Nos vamos a trasladar a una comunidad muy especial, la de los taquileños. La Isla de Taquile y sus habitantes tienen la fama de ser unos de los mejores artesanos textiles del Perú y, además, viven muy aferrados a sus costumbres y tradiciones andinas. Está a 3 horas de barco de Puno y su extensión es de6 kilómetrosde largo por 2’5 de ancho, tiene una población de 2000 y pico habitantes y viven de cultivar sus tierras o chacras (toda la isla esta remodelada en terrazas) para poder cultivar la pápa, la quinua y otros cultivos, de pescar, sobre todo la trucha, y, fundamentalmente del turismo y la artesanía.

En Taquile tejer es algo más que una forma de ganar dinero, es toda una filosofía de vida, lo que yo llamaría “una mística del Tejer”. Lo que caracteriza a Taquile es que es una comunidad. Es decir, viven con una organización social, política y económica muy peculiar.

Tienen un doble sistema político, el tradicional en el que las autoridades se eligen por un año en asamblea y a mano alzada y uno constitucional, elegidos por votación en urna, aunque no existen los partidos políticos.

Además, y esto es muy importante, están resueltos a mantener su vida tradicional y comunitaria. Quieren al turismo, pero lo quieren a su manera. Es decir, no hay hoteles sino que las familias se han organizado para ofrecer habitaciones más o menos confortables a los turistas (una especie de alojamiento rural) y los restaurantes son familiares o bien uno grande comunal. Además, no hay tiendas de artesanía, o se compran directamente al artesano o, sobre todo, se compra en una tienda cooperativa que está en la plaza central. Porque este es otro detalle, existe una asociación de artesanos que tiene la cooperativa (donde están todas personas taquileñas adultas, es decir, que estén casadas o arrejuntadas) y que gestiona la cuestión de la venta de la artesanía.

La espiritualidad de esta gente se puede concretar en lo que yo llamo “la mística del tejer”, una espiritualidad que se plasma en sus tejidos (chullos o gorros, fajas o cinturas, guantes, etc.…) que están llenos de figuras o iconografía (pájaros, estrellas, llamas, etc.) que los han hecho famosos y reconocidos en el ámbito del turismo. Pero, para mí y para los propios taquileños (que es lo fundamental) lo importante es comprender el sentido de los mismos, qué es lo que representan y cuál es su origen.

Es importante comprender cómo esta gente vive y siente la actividad “textil”. Para hacerse una idea hay que entender que ya desde chiquito, desde los 6 o 7 años empiezan a tejer, aprenden a tejer. Los hombres con las agujas, las mujeres con los telares de tabla y cintura. Todos saben tejer y la habilidad para tejer y la calidad del producto que haces es un indicativo de su calidad humana, de su capacidad de trabajar, de esforzarse y de mostrar seriedad, compromiso y honestidad.  Esto es así hasta el punto de que, a la hora de elegir un marido, las mujeres se fijan fundamentalmente en la habilidad como tejedor que tiene el varón. Asimismo, todos visten a diario su ropa tradicional y se sienten orgullosos de llevarla. La ropa es un indicativo de su situación (si están casados o solteros o viudos) y la forma de llevarla (por ejemplo el chullo o gorro hacia la derecha o hacia la izquierda) es una señal de si están alegres o tristes, si están enfermos o no. Además, en los diseños de las fajas y los chullos, van reflejando su vida, sus planes e ilusiones, son, como me dijo Juan, un registro de vida. Por eso, para ellos tejer no es sólo una actividad, es una forma de vivir, de expresarse y manifestarse. Una de las personas con quien charlé, me comentó que él se sentía feliz tejiendo, que al tejer se relajaba y se sentía en paz y armonía con los demás y la naturaleza. Porque a través de los tejidos no sólo expresan sus ilusiones, sino que reconocen y agradecen a la naturaleza por los bienes que le da (de ahí que haya tantas figuras de animales y plantas) y por ello se sienten orgullosos de su actividad como tejedores. De hecho, en cuanto tienen un tiempo libre (sin tener que ocuparse de la huerta u otras actividades) se ponen a tejer y se los puede ver caminando o charlando en grupo y, al mismo tiempo, tejiendo. Y parecería que ni se fijan en lo que hacen, pero es que, como dicen, las figuras están en la imaginación, en la cabeza, pero también están en las manos, las manos ya saben lo que tienen que hacer.

Todo esto muestra como la vida enla Islade Taquile se rige, fundamentalmente, por una espiritualidad o una mística que podemos llamar, del “Tejer”. ¿Qué es un relato que sólo tiene sentido si se vive en la Isla de Taquile? Si, es cierto, pero también es verdad que es un relato que puede ilustrarnos y sugerirnos formas distintas de vivir, que pueden ayudarnos a imaginar modos distintos de relacionarnos no sólo con la naturaleza sino incluso con cuestiones tan cotidianas como nuestra actividad diaria y la manera de pensar y concebir nuestro trabajo.

Es el tipo de relatos que, tal vez, se imaginaba Ann M. Sharp como posibles explicaciones para compartir y para enriquecernos mutuamente, narraciones que tendrían su lugar y su espacio dentro de la Comunidad de Investigación filosófica.

 

 

PARA TERMINAR…

No sé si las reflexiones que he ido hilvanando responderán fielmente a las ideas de Ann M. Sharp, pero espero que sirvan, al menos, para mantener vivo el debate y la discusión y, sobre todo, para plantear de nuevo la cuestión que tanto la preocupaba: el experimentar la Comunidad de Indagación y dialogar filosóficamente sobre el sentido de la vida y sobre nuestro lugar en el cosmos es una tarea que incumbe y que está dentro de las dinámicas de Filosofía para Niños.

Por último, y retomando las ideas de Ann M. Sharp, creo que la práctica de la actividad filosófica a través del dialogo, a pesar de las dificultades que puedan plantearse,  favorece la construcción de un sentido autónomo  de vida, un sentido crítico, pero asimismo creativo y responsable, que cuida el estar en el mundo y el convivir con uno mismo, los demás y la naturaleza toda. Es decir, favorece el desarrollo de la dimensión espiritual de la persona. Y esto, tanto se crea en Dios o no, tanto se declare uno miembro de una iglesia o creyente de una religión concreta como si no, es decir, aunque sólo tengamos fe en nosotros mismos y en la humanidad. En cualquiera de las opciones, creo que las respuestas serán más auténticas y reales si se dan y se elaboran desde una comunidad de indagación, si se realizan tras la reflexión, el dialogo y la posibilidad de compartir experiencias que ofrece la comunidad de indagación.

Tal vez de esta manera logremos, como deseaba Ann m. Sharp, educar a los niños y niñas en unas destrezas o competencias que les permitan elaborar su propia dimensión espiritual, dotándoles de herramientas que les permitan afrontar y sortear dos trampas opuestas pero ambas muy presentes en el momento actual, en la sociedad en que vivimos: la de una religión dogmática y doctrinaria, preocupada en repetir conceptos heredados y mantener al rebaño en el redil, y la de una cultura materialista y sin inquietudes humanas, preocupada sólo por el tener, poseer, acumular y el consumir.

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El papel de la comunidad de diálogo filosófico en la formación de la identidad del adolescente

Eugenio Echeverría

 

La comunidad de diálogo constituye un concepto ya familiar para todo aquél versado en el programa de filosofía para niños de Mathew Lipman. Cuando pensó y desarrolló el concepto de la comunidad de diálogo nunca se imagino la trascendencia tan grande que iba a tener en tantas ramas del conocimiento y en tantos países del mundo. En el presente trabajo voy a describir la comunidad de diálogo filosófico y su especial relevancia para coadyuvar en el desarrollo y construcción de la identidad en la etapa de la adolescencia.

El concepto de identidad puede ser entendido desde varios ámbitos del conocimiento: sociológico, antropológico, filosófico o psicológico. El manejo que se le dará en las páginas siguientes asocia el concepto de identidad en sus orígenes con las investigaciones realizadas por Erik Erickson a fines de los años sesenta desde el campo de la psicología del desarrollo (Erickson, 1968). Ya desde entonces empieza a surgir una categorización de las etapas de desarrollo psicosocial y cuatro categorías principales para describir el proceso de consolidación de una identidad autónoma e independiente en un adolescente o adulto joven sano. Estas cuatro categorías son: a) identidad cerrada, b) identidad difusa, c) identidad en moratoria y, d) identidad lograda. Aunque el concepto de identidad manejado aquí aborda las tareas de desarrollo de la identidad desde un marco primordialmente psicológico, la reflexión filosófica en la comunidad de diálogo alrededor de dichas tareas enriquece y acompaña este difícil proceso decisorio en esta etapa crucial de la vida.

El niño pequeño funciona a través de los valores y consignas que recibe de sus padres y aunque a veces cuestiona dichos valores, en la mayoría de los casos obedece porque está acostumbrado a que los padres, que cuentan con más experiencia que él y que quieren lo mejor para su bienestar, el niño pequeño asume sin cuestionar que saben lo que están haciendo. Sin embargo, alrededor de los trece años, y debido en parte a los cambios cualitativos en el desarrollo de su pensamiento y a su creciente necesidad de diferenciación como individuo, así como la mayor importancia que adquieren las opiniones de su grupo de pares en esta etapa del desarrollo, comienza a cuestionar, y conforme va creciendo y sus necesidades de autonomía se van perfilando, los cuestionamientos se van haciendo más incisivos y bien argumentados. Los niños expuestos desde pequeños al espacio de la comunidad de diálogo filosófico van a ir adquiriendo las herramientas y desarrollando las estrategias necesarias para discutir y dialogar con sus padres de forma razonada. Cuando existe receptividad para este tipo de intercambio en la familia, la transición de la niñez a la adolescencia se va a ver favorecida por un ambiente de comunicación indispensable para llegar a acuerdos en situaciones difíciles donde el niño comienza a demandar mas autonomía e iniciativa propia.

Es entonces cuando los padres empiezan a perder el aura de infalibilidad que los rodeaba anteriormente y el adolescente comienza a confrontar de lleno las tareas de desarrollo que corresponden a esta etapa de la vida. Esta es la etapa de transición entre una identidad cerrada, normal en un niño pequeño, hacia una identidad en moratorio que se caracteriza por una serie de cuestionamientos y dudas acerca de los valores inculcados desde el seno familiar y el contexto social inmediato.

La identidad moratoria es una etapa de crisis constructiva, de búsqueda por encontrar un camino construido por uno mismo con el acompañamiento de adultos significativos en nuestra vida, pero sin la imposición de los valores y consignas de la niñez para finalmente alcanzar una identidad lograda. La identidad lograda implica el despliegue por parte de la persona de un pensamiento crítico y autónomo. En muchos sectores de la sociedad hay cierta reticencia hacia la idea de que al adolescente hemos de ayudarle a desarrollar el pensamiento crítico para que se convierta en un pensador autónomo. Como lo afirma Lipman en “pensamiento Complejo y Educación”:

 “……….se entiende por pensadores autónomos aquellos que piensan por sí mismos, que no siguen a ciegas aquello que otros dicen o hacen, sino que realizan sus propios juicios sobre los sucesos, forman su propia concepción del mundo y construyen sus propias concepciones sobre la clase de personas que quieren ser y el tipo de mundo en el que quieren vivir……(Lipman, 1998)”

 

Sin embargo, a veces se asocia esto con un tipo acentuado de individualismo. Como una manera de propiciar la formación de personas cognitivamente autosuficientes y capaces de construir argumentos invencibles para defender lo que piensan. Lo que realmente pretendemos al propiciar el pensamiento autónomo es promover un tipo de

“……..modelo reflexivo fundamentalmente atravesado por lo social y lo comunitario. Su finalidad es articular las causas de conflicto en la comunidad, desarrollar los argumentos que apoyan las diferentes posturas y después, a través de la deliberación, lograr una comprensión del panorama que permita realizar un juicio mas objetivo. (Lipman, 1998)”

Este acercamiento ayudará al adolescente a adquirir las herramientas necesarias para ir acercándose a la conformación de una identidad lograda y a dejar gradualmente la comodidad de una identidad cerrada que en el adulto joven se puede ir convirtiendo en una visión dogmática y ajena a su realización como una persona con sus propias metas y valores.

La identidad cerrada se manifiesta cuando la persona está segura de lo que quiere, de los valores que expresa como suyos, pero en realidad solo está reflejando ideas que ha tomado sin previa reflexión de figuras de autoridad significativas para ella. El niño pequeño que nos dice con toda seguridad que de grande va a ser doctor, o ingeniero, o bombero, está manifestando una identidad cerrada en el área de la vocación. Tiene seguridad de lo que quiere pero no ha pasado por una etapa de exploración de sus aptitudes y capacidades, de confrontación de sus deseos con las oportunidades reales de llevarlos a cabo, de investigación del mercado de trabajo para el área que dice que quiere estudiar, etc. En otras palabras, no ha pasado a una identidad en moratorio en el área del desempeño vocacional y manifiesta una opinión que muy probablemente es producto de la imitación de modelos adultos que para él o ella son significativos, o de la imposición de dichos valores por personas que son significativas para él (Waterman A, 1985).

Una de las tareas de desarrollo de la adolescencia mas importantes es la se elegir un medio de sostenimiento de vida, ya sea una carrera, un oficio o un negocio al que se va a dedicar para ganarse la vida. Las habilidades y herramientas que se van adquiriendo con la continua participación en la comunidad de diálogo le dan elementos para hacer juicios mas reflexivos, comparar alternativas, trabajar con posibles hipótesis, tener en cuenta contextos diversos antes de actuar o decidir, y predecir las posibles consecuencias de su toma de decisiones. Al participar con su grupo de pares en la comunidad de diálogo, el adolescente también puede comparar un buen número de estilos parentales en donde se da cuenta de que en algunas familias al hijo o hija le condicionan lo que puede estudiar o le imponen una determinada carrera. Un ejemplo hipotético es cuando el abuelo fue abogado, el padre también y el nieto “tiene que heredar el despacho y seguir haciendo honor al apellido”. En este caso, si el hijo está de acuerdo y le gusta el trabajo puede que no haya problema. Pero si descubre que es excelente con las matemáticas y el dibujo y decide que quiere ser ingeniero entonces pueden suceder dos cosas: o abandona la voluntad de los padres de convertirse en abogado y estudia ingeniería, o estudia la abogacía y se queda con una identidad cerrada en el área de la vocación. Lo mas sano por supuesto es que la familia lo apoye en su decisión vocacional cualquiera que esta sea. Pero todos podemos citar casos en los que esto no es así. Otro ejemplo hipotético de identidad cerrada en el área de vocación es cuando a la mujer los padres le dicen que puede estudiar para convertirse en enfermera, maestra o secretaria. Aquí también la comunidad de diálogo le va a dar los elementos necesarios para rebelarse de manera constructiva ante esta imposición de un contexto familiar autoritario y sexista. Los compañeros le van a dar razones de por qué los padres no deben imponerle lo que estudie, habrá unos que sí estén de acuerdo y otros no, pero es precisamente a partir de la evaluación de las razones, predicción de consecuencias y de la exploración de los mejores argumentos que va a desarrollarse la capacidad decisoria reflexiva y lógica.

La categoría de identidad difusa identifica al adolescente que se niega a formar su propia identidad y detiene la consecución de sus tareas de desarrollo. Se asocia por lo general y en la mayoría de los casos con una familia desintegrada en donde solo existe uno de los padres, o puede haber alcoholismo, abuso físico, sexual o emocional, desempleo o abandono. Otra característica de la familia del adolescente con identidad difusa es que es impredecible en lo que respecta al establecimiento de normas y límites. Lo que un día le prohíben, el otro día esta bien y lo que siempre le permitían de pronto esta mal. No sabe a que atenerse y no cuenta con un asidero firme en cuanto a modelos pro-sociales para ir consolidando e identificando sus propios valores. Los que trabajamos en contextos educativos con adolescentes podemos verlo en aquellos que comienzan a descuidar su arreglo personal, a faltar a clases y a perder el interés por todo lo que tiene que ver con responsabilidades propias de esta edad. En muchos casos hay psicopatología que toma la forma de depresión. El adolescente que no se levanta de su cama y se la pasa viendo televisión y escuchando música puede tener una identidad difusa. El suicidio o intento de suicidio adolescente siempre va precedido de una identidad difusa. Cuando tratamos de contactar a los padres para que nos apoyen es por lograr muy difícil conseguirlo y en los casos en que se logra hablar con uno de ellos nos damos cuenta por las situaciones caóticas, difíciles y conflictivas que presentan del origen de muchos de los problemas del adolescente. Existe un instrumento psicométrico para medir el desarrollo de la identidad. Este es de especial importancia en el trabajo con grupos de adolescentes en instituciones educativas que trabajan con el grupo de edad entre los trece y los diez y ocho años pues cuando el puntaje es alto en identidad difusa justifica la necesidad de entrevistar al estudiante para detectar un posible riesgo de depresión y de suicidio. Cuando un estudiante con problemas serios participa en una comunidad de diálogo sus posibles problemas se ponen de manifiesto y nos da la oportunidad de intervenir a tiempo.

En el área de la vocación un ejemplo de identidad difusa sería aquél adolescente que al preguntársele que es lo que quiere en cuanto a su futuro laboral nos responde que no sabe y que además no está interesado o inquieto en explorar cuáles pueden ser sus opciones en esta área. Simplemente se deja llevar por lo que venga o lo que vaya apareciendo. Estos adolescentes son fácilmente influenciables por su grupo de pares especialmente para actividades que los ponen en riesgo. Comprar drogas o robarse un auto serían dos ejemplos de estas actividades. Tienen una autoestima baja por lo que se atreven a hacer cosas para quedar bien con los amigos aunque estos sepan que los están utilizando y no los aprecien de manera sincera. Son adolescentes que viven en un eterno presente y en búsqueda de experiencias inmediatas de placer. Lo que pase mañana, en un mes o en un año parece no ser de importancia para ellos. La comunidad de diálogo filosófico se presenta a este adolescente como un espacio estable y seguro, donde las reglas son claras y los límites están bien especificados. Es un espacio donde puede explorar diferentes alternativas que en un momento dado y con la ayuda del facilitador y de sus pares puedan ayudarlo a ir saliendo adelante de la situación precaria en la que se encuentra.

En las comunidades de diálogo es frecuente la discusión acerca del concepto de persona, de quién soy yo, de cuáles son mis derechos, cuáles mis alternativas y opciones y las consecuencias de mis decisiones y necesariamente con esta experiencia el adolescente va desarrollando un sentido del yo propio dentro de un ambiente democrático.

Las tareas de desarrollo de la adolescencia comprenden un área ideológica y una interpersonal. Dentro del área ideológica he descrito brevemente la tarea vocacional. Son cuatro las tareas que el adolescente en su camino hacia una identidad lograda tiene que confrontar. La primera tiene que ver con la decisión vocacional. La identificación de habilidades y destrezas que le permitan tomar una decisión con respecto al modo en el que piensa ganarse la vida. La segunda constituye un análisis y reflexión de las ideas religiosas con las que fue educado y una transformación de las mismas para hacerlas suyas de manera consciente. No ya como un mero reflejo de lo que piensan sus padres. La tercera abarca la dimensión política dentro de la cual se plantea que se involucre como ciudadano dentro de un proceso social. Finalmente está la tarea de desarrollar una filosofía de la vida propia, encontrar un estilo de vida que le permita definirse a sí mismo como persona única e irrepetible. Dentro de las demás tareas de desarrollo en el área ideológica se va a dar un proceso similar al descrito arriba con referencia al área vocacional. Pasando de una identidad cerrada, a una en moratorio y finalmente al logro de la identidad.

Dentro del área interpersonal se encuentra con la necesidad de ir explorando y definiendo sus criterios acerca de tres tareas de desarrollo. Sus ideas y valores acerca de la amistad, de los roles sexuales y de la recreación o el uso que hace de su tiempo libre a través de un pasatiempo o actividad de preferencia. Un ejemplo de identidad cerrada en cuanto a la amistad puede verse con el hecho de que a nuestros hijos nosotros les escogemos a los amigos. Por la escuela en la que los metemos, el vecindario en donde vivimos y los parientes que tenemos. Hasta cierta edad, nosotros les decimos con quién pueden “juntarse” y con quién no. Sin embargo al comenzar la adolescencia ellos van a ir identificando el tipo de persona que desean elegir como amigo. Ya sea por intereses afines o por otros rasgos de la personalidad que admiran en el otro. En la comunidad de diálogo filosófico el tema de la amistad es uno de los que aparecen desde las discusiones con los niños de pre escolar hasta las realizadas con adultos jovenes. Es un espacio donde van a poder explorar qué es un amigo, cuáles son los criterios a través de los cuales ellos van a poder decidir con quién quieren llevar una amistad. Van a explorar diversos tipos de relación y como padres de familia probablemente nos alarmemos cuando llega con un amigo que tiene el pelo morado y la nariz perforada con una argolla. Aquí es importante como en otras áreas de desarrollo de las tareas de identidad del adolescente que los padres acompañen, dialoguen y sugieran. Si imponen y prohíben, lo que van a lograr es que la comunicación se suspenda. El adolescente que está buscando definir lo que es la amistad para él o ella está en una etapa de moratorio. Cuando tenga mas o menos claro el tipo de persona que quiere como amigo estará dentro de la categoría de identidad lograda en el área de la amistad. Los padres que tratan de imponer el tipo de amigos que puedan tener sus hijos van encaminados a provocar algunas de las llamadas crisis que tanto agobian a algunas familias durante esta etapa de desarrollo.

En cuanto a los roles sexuales, una identidad cerrada es aquélla que determina lo que debe ser en esta área de desarrollo y que es obedecido sin cuestionar, y sin reflexionar acerca de opciones alternativas. Muchos padres de familia imponen patrones de género desde que los niños son muy pequeños. Cuantas veces hemos escuchado: “Los niños no lloran”. “Tú no puedes jugar con muñecas, eso es para niñas.” “Las niñas no juegan con carritos o soldados, vente a donde están las muñecas.” Incluso las tiendas de juguetes facilitan este adoctrinamiento a los padres acomodando en secciones diferentes lo de “niños” y lo de “niñas”. El daño provocado se manifiesta posteriormente y lo identificamos en comentarios como: “Mi esposo no expresa sus emociones” “No me ayuda para nada con las labores de la casa y con los niños”, etc. (Mussen, Conger y Kagan, 1979). Otro ejemplo de identidad cerrada en el área de los roles sexuales se da cuando padres autoritarios no aprueban de la posible pareja que una hija a escogido para formar una familia. Se dio el caso en donde una mujer de 40 años menciona que le hubiera gustado casarse. Al preguntarle por qué no lo hizo respondió que los novios que llevaba a su casa no le gustaban a su papá y entonces terminaba con ellos. Al someterse a los deseos de su padre sin cuestionar fue dejando pasar la oportunidad de entrar en moratorio y finalmente tomar la decisión que a ella le pareciera más apropiada llegando así al logro de su identidad en el área de los roles sexuales. La comunidad de diálogo filosófico, al explorar los conceptos de persona, derechos, igualdad de género y otros similares abre un mundo de posibilidades a los estudiantes que en muchos casos cuestionan los valores con los que crecieron en esta área. El niño que llega comentando a su compañera que no puede ser ingeniera porque eso es una carrera de hombres, se va a encontrar con cantidad de contraejemplos a esta aseveración proporcionados por sus mismos compañeros de clase y propiciados por un facilitador que cuestiona de manera apropiada al grupo. Los cambios físicos, hormonales y cognitivos que se producen en la adolescencia van a propiciar una exploración abierta en el área de los roles sexuales y de la orientación sexual. La decisión que finalmente tome el adolescente en cuanto al tipo de persona con la que quiere compartir sus emociones en el área sexual se va a ver enriquecida por las discusiones que acerca de este tema surgen en la comunidad. El ambiente de respeto, confianza y seguridad del espacio de la comunidad de diálogo podrá propiciar que surjan expresiones de preferencias sexuales que nuestra sociedad machista rechaza por miedo e ignorancia. Las opciones de género que adopte la persona necesitan ser respetadas y comprendidas siempre y cuando estas sean tomadas después de una cuidadosa reflexión interior y con una toma de conciencia de las implicaciones que tiene el adoptar una orientación sexual minoritaria dentro de nuestra sociedad. La capacidad para elegir con libertad y de manera responsable nuestras opciones de vida es uno de los elementos que se ven favorecidos por los procesos desencadenados dentro de una comunidad de diálogo filosófico.

La comunidad de diálogo filosófico, es un espacio que por sus características puede convertirse en un soporte insustituible de reflexión y guía para el adolescente en su camino hacia la realización exitosa de sus tareas de desarrollo. Dentro de la misma sus integrantes van haciendo realidad tres de los objetivos mas sobresalientes de la propuesta de filosofía para niños:

El desarrollo de habilidades de pensamiento.

La construcción, definición y desarrollo de conceptos.

La exploración y consolidación de sus propios valores.

Las habilidades de pensamiento han sido ampliamente identificadas por diversos programas que tienen como objetivo su desarrollo. Entre ellas se cuenta la capacidad para ofrecer razones, dar ejemplos, identificar presuposiciones subyacentes, analizar alternativas, predecir consecuencias, realizar inferencias inductivas y deductivas, etc. Todas estas habilidades de pensamiento se van practicando al dialogar dentro del grupo de pares alrededor de temas que son significativos y relevantes para la vida de los adolescentes. El adolescente ofrece ejemplos y da razones para fundamentar sus ideas y sus puntos de vista. Cuando hay desacuerdos se ve obligado a analizar la evidencia que algún compañero le presenta en la forma de un contra ejemplo y a transformar su manera de ver las cosas a la luz de razones convincentes o a buscar nuevas formas de sustentar lo que piensa.

La visión social del pensamiento crítico…. no erradica el papel del individuo, sino que lo sitúa en el amplio horizonte de la multiplicidad de perspectivas. (Lipman, 1998)”

Es importante mencionar que la capacidad de escucha es otra habilidad indispensable para el desarrollo del pensamiento y de destrezas para la construcción de argumentos que defiendan mis creencias, opiniones y valores. Esta capacidad para escuchar lo que el otro me dice, para tratar de entender al que me interpela, es algo que se va desarrollando gradualmente en la comunidad de diálogo y que el adolescente aprende a apreciar como una característica muy importante en sus compañeros y en sí mismo. Dicha habilidad es inseparable de la dimensión de respeto y tolerancia hacia puntos de vista diferentes a los míos que se desarrolla también al interactuar con mi grupo de pares en discusiones sobre temas de importancia. Con esta capacidad de escucha y actitud de respeto viene también desarrollándose una actitud de confianza y solidaridad entre los miembros de la comunidad. Esta se pone de manifiesto cuando vemos ejemplos de diálogos entre ellos donde difieren en puntos de vista y sin embargo su actitud no es defensiva. Típicamente acostumbramos al adolescente a la discusión tipo debate, donde se trata de ganar al defender una determinada posición. Esto crea actitudes de competencia por ver quién es el que ataca mas fuerte y quién gana en el debate. La pregunta que forja la respuesta del adolescente en este contexto es ¿Cómo me voy a defender de lo que me dicen? Y ¿Cómo puedo contra atacar al otro? La pregunta en la comunidad de diálogo es ¿Qué me está queriendo decir el otro?, ¿Desde dónde viene? ¿Cómo se integra o no lo que dice a mi marco de referencia? En la comunidad de diálogo la actitud es de escucha y comprensión. La meta es construir juntos conocimiento. La construcción social del conocimiento es una dimensión característica de este tipo de espacio. La zona de desarrollo próximo o potencial de la que habla Vigotsky se va ampliando gradualmente con la ayuda de unos y otros en este ir y venir de ideas y argumentos disciplinados por el respeto y la lógica. Las contradicciones se identifican y se resuelven, las inferencias deben estar bien fundamentadas y se busca la validez del pensamiento hipotético y deductivo. Esta actitud no implica que no se den situaciones de competencia, a veces la emoción por defender las ideas propias le da una dimensión necesaria de motivación y dinamismo al diálogo. Pero al final es la actitud de estar construyendo algo juntos la que prevalece. Yo enriquezco a mis compañeros con mis contribuciones y me enriquezco a partir de lo que ellos aportan.

Con respecto a la clarificación y desarrollo de conceptos, esta se da de manera natural durante el intercambio en el diálogo. Y es aquí donde los conceptos filosóficos juegan un papel fundamental. Al contextualizar, ejemplificar y aplicar a la realidad los conceptos discutidos, el adolescente los va puliendo y afinando al mismo tiempo que le va dando sentido a su propia experiencia. La construcción paulatina de un proyecto personal y social son uno de los productos mas importantes del trabajo en la comunidad de diálogo filosófico. Conceptos como la amistad, la justicia, las relaciones, la belleza, la reciprocidad, el respeto, el bien, la muerte, el destino, los derechos de las personas, de los animales, de la naturaleza, la verdad, son conceptos que surgen a lo largo del curriculum de filosofía para niños desde pre escolar hasta las novelas dedicadas a adolescentes de 18 años. Son conceptos también que en la adolescencia cobran un significado muy especial al poder ser trabajados y discutidos con los elementos de una creciente capacidad de abstracción y reflexión acerca de uno mismo , el mundo que nos rodea y el papel que jugamos y queremos jugar en él. ¿Quién soy?, ¿Qué quiero?, ¿Hacia dónde voy?, son sólo algunas preguntas que el adolescente se hace y que tienen como resultado la toma de una serie de decisiones acerca de sus tareas de desarrollo que van a ser determinantes para el resto de su vida. El hacerse estas preguntas lo coloca en una identidad en moratorio, el ir encontrando posibles respuestas lo acerca a una identidad lograda. La comunidad de diálogo filosófico propicia la construcción de significados alrededor de estas preguntas y ayuda en la interacción con sus pares a ir dándoles respuesta.

Los conceptos filosóficos son los únicos que se prestan para lograr este cometido por las características que los definen. Son abiertos y difíciles de definir con claridad, son controversiales y relevantes para la experiencia de todo ser humano y no tienen una edad determinada en la cuál pierdan su importancia. El proceso de diálogo desencadenado alrededor de conceptos abiertos y controversiales obliga al adolescente a ejercitar y pulir sus habilidades de razonamiento al mismo tiempo que va consolidando después de una cuidadosa reflexión los valores que le van a servir de guía para su comportamiento como individuo y como integrante de un grupo social.

El proyecto personal y social que se va construyendo dentro de la comunidad de diálogo filosófico responde a dos preguntas fundamentales que en la adolescencia adquieren mas intensidad: ¿Qué tipo de persona quiero ser? Y ¿En qué tipo de mundo quiero vivir? Dentro de las discusiones de los conceptos filosóficos que surgen de manera continua, la dimensión ética, en cuanto a la identificación y consolidación valoral, exige del adolescente la conciencia de la necesidad de congruencia entre el pensar, decir y hacer. El concepto de democracia manejado por filosofía para niños enriquece esta dimensión ética al enfatizar la necesidad de tolerancia hacia la diferencia, igualdad de derechos, respeto a las decisiones mayoritarias pero respeto también a los derechos de las minorías. Cuando estas dos últimas características se topan frente a frente el diálogo se convierte en el vehículo a través del cual se dirimen las diferencias y se llega a compromisos en donde cada quién sacrifica un poco de su posición original para llegar a acuerdos que no dañen a las partes involucradas. Otra característica del concepto de democracia es el de justicia social. Al ir desarrollando su proyecto personal y social el adolescente va consolidando su identidad como individuo y también una conciencia de formar parte de un conglomerado mas amplio que es el género humano. Debido a los cambios cognoscitivos de esta etapa de desarrollo se da cuenta de que hay problemas que no lo afectan directamente pero que son consecuencia de cómo los seres humanos hemos pasado de una etapa romántica durante la Ilustración, en donde el futuro de la humanidad se vislumbraba como resuelto a través del poder de la razón y después de los avances tecnológicos, a una realización de que la complejidad de las decisiones tomadas nos hace darnos cuenta de que hemos fallado como género humano. Ante el hambre, las guerras, la injusticia y la pobreza prevaleciente en muchas partes del mundo, el adolescente se preocupa y muchas veces siente con impotencia su incapacidad para afrontar tales problemas. El trabajo en la comunidad de diálogo enfatiza la necesidad de pensar globalmente pero actuar localmente. Esto es, preocuparme al ver en la televisión que miles de niños se mueren de hambre en Somalia, pero abordar el problema desde mi contexto más inmediato y ver como puedo contribuir desde mi vecindario o mi comunidad para ayudar a que un niño no tenga hambre.

El facilitador tiene la obligación de exigir el paso, la transferencia de lo que se ventila en las discusiones del salón de clase a la dimensión de la acción en un contexto vinculado de manera directa con la experiencia cotidiana del adolescente. Esto le va ayudando además a ir desarrollando un sentido de agencia, de capacidad de acción y no de pasividad complaciente ante los problemas que le rodean. Este sentido de agencia a su vez va produciendo un sitio de control interno, constructo que los psicólogos han acuñado para describir a la persona que se siente responsable de su entorno y con capacidad para incidir en él de manera constructiva, en otras palabras, para tomar las riendas de su propio destino. En contraste a un sitio de control externo en donde el adolescente siente que todo lo que le pasa se debe a fuerzas externas a él y que están fuera de su control. La expresión “reprobé porque no estudié” ilustraría un sitio de control interno y “reprobé porque no le caigo bien al maestro” sería el externo. Los adolescentes con un sitio de control externo dejan que los acontecimientos y sus experiencias de vida les sucedan. Los de sitio de control interno dan los pasos necesarios para determinar en gran medida los eventos y las experiencias que van conformando su propia identidad como seres diferentes y únicos.

En la comunidad de diálogo el adolescente va dando sentido a su propia experiencia dentro de un espacio seguro, de confianza y con la colaboración de su grupo de pares que en esta etapa juegan un papel a veces más importante en su toma de decisiones que el de sus propios padres. Con las preguntas de seguimiento de un facilitador de filosofía para niños tanto el adolescente que participa activamente de manera verbal como el que escucha a sus compañeros, se ve obligado a reflexionar acerca de temas que están íntimamente ligados con las tareas de desarrollo que confronta en esta etapa decisiva de su vida y a caminar hacia una identidad lograda en un ambiente de colaboración y construcción colaborativa de conocimiento. Por todo lo anteriormente expuesta queda de manifiesto la importante labor del facilitador y la dificultad para ejercer su labor de manera honesta y ecuánime. El perfil del facilitador está caracterizado entre otras cosas por un gran respeto a las personas con las que trabaja y a sus procesos de desarrollo tanto cognitivo como emocional y valoral. Decimos que el facilitador tiene que ser pedagógicamente fuerte y filosóficamente humilde. Esto quiere decir que tiene una responsabilidad especial de asegurar que el proceso del diálogo se de con respeto a las diversas opiniones expresadas, que no haya burlas ni humillaciones, que se respeten los turnos para hablar y de apoyar alentando a los menos verbales para que puedan expresar sus ideas. En lo filosófico el ser humilde quiere decir que debo dejar mis convicciones acerca de lo que se esté discutiendo en suspenso. Suspender el juicio de manera provisional para dejar que los otros crezcan. No imponer mi manera de pensar como la mejor o la mas adecuada aprovechando mi posición de autoridad. No debemos olvidar que los temas discutidos en la comunidad de diálogo filosófico no tienen una respuesta acabada. Son temas acerca de los cuáles cada individuo con la ayuda de los demás va a ir construyendo su propia percepción de lo que es mas adecuado para el o ella de acuerdo a su contexto personal, social y familiar. Un ejemplo podría ser si se está discutiendo el tema de las corridas de toros dentro del tema de los derechos de los animales. Yo como facilitador puedo tener en mi grupo a estudiantes cuya familia por tradición participa de manera estrecha en el mundo de las corridas de toros. También puedo tener estudiantes cuyos padres sean acérrimos defensores de los derechos de los animales y aborrezcan las corridas de toros. Mi labor como facilitador de la comunidad de diálogo filosófico es propiciar que surjan los mejores argumentos del lado de las dos posiciones que están siendo discutidas. Independientemente de lo que yo como individuo piense acerca de las corridas de toros. Existen argumentos profundos y bien elaborados favoreciendo cada una de las dos posiciones. El objetivo sería que dentro del grupo, en una atmósfera de escucha y respeto se ventilaran estos argumentos y que cada individuo dentro de la comunidad se formara su propio criterio al respecto. El resultado puede ser que las posiciones radicales con las que se comenzó a discutir se vayan suavizando. Que en lugar de ver las cosas como blanco o negro los integrantes de la comunidad vayan descubriendo que existen áreas grises que no habían percibido, que el problema no es tan simple como lo pensaban en un principio y que sus compañeros que mantienen una posición diferente a la suya pueden seguir siendo aceptados y respetados como personas a pesar de sus diferencias. Es aquí y así como se va gestando la semilla de la tolerancia hacia diversos modos de pensar y entender la realidad. De este modo se puede llegar a compromisos que preservan la integridad de los participantes. Como bien lo plantea Martín Benjamín en su libro “Splitting the Difference”:

 “Las instituciones públicas -especialmente las escuelas- pueden fomentar la capacidad de los ciudadanos para buscar y diseñar decisiones morales equilibradas. El estructurar el salón de clase como comunidad de indagación e incluir discusiones filosóficas apropiadamente dirigidas es probable que ayude a cultivar la capacidad de los niños para diseñar y mantener decisiones morales sin comprometer su integridad.” (Benjamin, 1990).

Los cambios cognoscitivos cualitativos y cuantitativos que se dan entre los 13 y los 18 años, y de manera especial entre los 14 y los 16, y las decisiones de vida que confrontan al adolescente durante esta etapa, hacen de la comunidad de diálogo filosófico un espacio que aborda de manera especial las necesidades de desarrollo de la sensibilidad filosófica del adolescente. La exploración de cuestiones éticas, epistemológicas, metafísicas y estéticas en la etapa de la adolescencia tienen un significado y una trascendencia para el adolescente que no tenían antes y que no tendrán ya de la misma forma para el adulto joven. El impacto de las experiencias vividas entre los 14 y los 16 años aproximadamente deja una huella que perdurará por toda la vida. Si las experiencias construidas en este período tienen sentido y relevancia para el adolescente, moldearán la manera en que enfrente los problemas por el resto de su vida.

El uso de la narrativa conteniendo situaciones con las que el adolescente se puede identificar y que considera relevantes y significativas, sirve como trampolín para que se haga preguntas relevantes y significativas para él o ella y las discuta en la comunidad de diálogo. Por esto la comunidad de diálogo es un elemento poderoso para afectar de manera constructiva el desarrollo cognitivo y la capacidad reflexiva. Como lo menciona Overton:

“….para cuando el niño llega a la adolescencia es capaz de razonar de acuerdo a las reglas abstractas de las que la lógica formal es un modelo. Pero esto será cierto sólo con la condición de que el razonamiento sea aplicado a campos en los que los sujetos tienen conocimiento y experiencia y en situaciones que tienen relevancia y sentido para ellos…… si aceptamos que la inteligencia constituye la adaptación más sofisticada a la vida que la naturaleza ha inventado, entonces creo que el razonamiento ha de ser estudiado en situaciones que signifiquen algo para el sujeto….” (Overton, 1990).2

Por su especial importancia en esta etapa de la vida, la comunidad de diálogo se convierte en un espacio que debería estar integrado dentro de las experiencias educativas de formación de todo adolescente.

 “…..hay momentos en los que no podemos permitir que los demás piensen por nosotros, pues hemos de pensar por nosotros mismos. Y hemos de aprender a pensar por nosotros mismos pensando por nosotros mismos; los demás no pueden enseñarnos como hacerlo, pero si pueden incorporarnos a una comunidad de diálogo en la que se faciliten esos procesos. (Lipman, 1998)”

Los retos que tiene que afrontar en una sociedad en constante cambio como la nuestra requieren de el las habilidades, herramientas, estrategias y espacios de reflexión que lo lleven a tomar decisiones críticas para contribuir a la construcción de una sociedad mas justa y mas humana.

BIBLIOGRAFÍA

Benjamin, Martin. Splitting the Difference: Compromise and Integrity in Ethics and Politics. University Press of Kansas. 1990.

Erickson E. Identity, Youth and Crisis. W.W. Norton and Company. U.S.A. 1968.

Lipman, Mathew. Pensamiento Complejo y Educación. Ediciones de la Torre. España. 1998.

Mussen, Conger y Kagan. El desarrollo de la Personalidad en el Niño. Editorial Trillas. 1979.

Overton, Willis F. Reasoning, Necessity, and Logic: Developmental Perspectives. Lawrence Erlbaum. New Jersey. 1990.

Waterman, Alan S. Identity in Adolescence: process and contents. New Directions in Child Development # 30. Jossey Bass Inc. San Francisco. London. 1985

 

Tomado de http://www.celafin.org con autorización de su autor
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